Amigos de Béjar y sus historias

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4/10/2014

El castillo de Béjar y otras fortificaciones de su entorno: origen y arquitectura (2ª Parte)



Autor: Roberto Domínguez Blanca
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2013,  pp. 71-76.


Castillos del territorio castellano (II)      

     En una elevación al pie del río Tormes, el castillo de El Barco de Ávila o de Valdecorneja responde al modelo característico de castillo del siglo XIII. Contaba con recinto amurallado del que quedan algunos vestigios, destacando la puerta del Ahorcado. Su estructura es sencilla y diáfana: planta cuadrada con cubos cilíndricos guarneciendo las esquinas y una gran torre del homenaje en el medio de uno de los lienzos. Asimismo, tendría foso y contrafoso, y una vez atravesados, disponía de dos puertas en arco apuntado para su acceso, una que daba a la villa y otra al río. Repite modelos de la llamada escuela de Valladolid, como el de Villalonso (Zamora), adoptado a lo abulense, pues el referente más inmediato es el castillo de Arenas de San Pedro. Cooper advierte que las marcas de cantero de la torre del Homenaje son las mismas que las de la monumental iglesia gótica de Bonilla de la Sierra, por lo que tuvieron que trabajar los mismos constructores.

 Castillo de El Barco de Ávila (Ávila)

4/03/2014

El castillo de Béjar y otras fortificaciones de su entorno: origen y arquitectura (1ª Parte)




Autor: Roberto Domínguez Blanca
Publicado: Revista de Fiestas y Ferias de Béjar, 2013, pp. 71-76.


Reconquista y Repoblación: el origen de los castillos medievales



            A la muerte del rey castellano-leonés Alfonso VII en 1157, éste había decidido dividir el reino entre sus dos hijos: León para Fernando II y Castilla para Sancho III. En el sur de ambos reinos, al sur de la actual provincia de Salamanca y norte de la de Cáceres, la frontera la marcaba la vía de la Plata, de forma que Béjar y el territorio que conformará su alfoz pasaron a Castilla, mientas que el resto de la zona salmantina que la rodeaba, Monleón, Salvatierra de Tormes, Montemayor del Río y Miranda del Castañar, quedó integrado en el reino leonés. Esto sucede a finales del siglo XII mediante el tratado de Tordehumos de 1194, con Alfonso IX dirigiendo los destinos de León, por el que no podía adentrarse en la Sierra de Béjar. Antes que Béjar, Alfonso VIII de Castilla repobló Plasencia en 1186 y ascendiendo al norte fundó Oliva de Plasencia y Segura de Toro. Entonces repuebla Béjar entre 1186 y 1196, apostando De Santos Canalejo [1] por fechas como 1194 ó 1195, posterior al tratado y a la instauración del alfoz bejarano por Alfonso VIII en 1193). Sin embargo, parece ser que en 1190 ya lo estaba, y con población suficiente como para enfrentarse junto con el concejo de Plasencia al de Ávila en La toma de las torres de Puente del Congosto, hecho que se fecha entre 1182 y 1190 [2]. Tras Béjar, seguidamente Alfonso VIII se encamina hacia el este para controlar Valdecorneja: El Barco de Ávila, Piedrahíta, El Mirón y La Horcajada; si bien en algunos casos, como en Piedrahíta o Barco, ya existiría población cristiana asentada, pues su fundación es de los tiempos del señorío de doña Urraca; o mucho antes en el caso de Piedrahíta, pues según la leyenda del monte de la Jura ya estaba fortificada en 918. 

  Monumento a Alfonso VIII en Plasencia (Cáceres)

3/27/2014

Sobre el conocimiento o desconocimiento de la Casa Ducal de Béjar (2ª parte y final)




Autor: Antonio Avilés Amat
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, marzo de 2014



Este principal y casi legendario personaje, el duque de Béjar, al que frecuentemente muchos bejaranos aluden y que, en singular o en plural, da nombre a varios lugares de la ciudad o de su entorno (calle Duque, fuente del Duque, palacio del Duque, mirador del Buen Duque, laguna del Duque, hotel Los Duques), no deja de ser –aún hoy- un “enigma colectivo”. Y puede que hasta la mítica representación de un ente superior del que algunos paisanos bastantes ingenuos, todavía en la actualidad, cuando ya hace dos siglos que las Cortes gaditanas, como ya quedó dicho, abolieron los señoríos, se consideran sus más rendidos súbditos. Proclamándolo incluso, como hacía algunos años atrás, un pseudohistoriador que, en sus disertaciones sobre nuestro remoto pasado, se refería al duque denominándole “mi señor”, en un reconocimiento de inusual –que no de intelectual- vasallaje y pleitesía.   


Villa renacentista de El Bosque (Béjar)

      

3/21/2014

Sobre el conocimiento o desconocimiento de la Casa Ducal de Béjar (1ª Parte)



Antonio Avilés Amat

Centro de Estudios Bejaranos
Publicado en Béjar en Madrid, febrero de 2014.




Tanto el título como el contenido del presente artículo surgieron a raíz de una conversación de varios miembros del Centro de Estudios Bejaranos, entre los que yo me encontraba, con el profesor Emiliano Zarza Sánchez, ganador del recientemente fallado Premio Ciudad de Béjar por su estudio “La participación del X Duque de Béjar, D. Manuel de Zúñiga, en el sitio de Buda (1686)”, que próximamente se editará. Se lamentaba el autor del escaso número de trabajos dedicados a la Casa Ducal bejarana que hasta la fecha existían y del desconocimiento que acerca de los duques que, durante varios siglos gobernaron la ciudad, imperaba entre los bejaranos.



 Patio del Palacio Ducal.

Fotografía tomada de Béjar Turismo



Y era cierto, aunque con matices, cuanto afirmaba, pues desde alguna reseña de Nicomedes Martín Mateos sobre el duque motivo de su investigación y lo publicado por los hermanos Emilio y Juan Muñoz [1], varios artículos puntuales sobre diversos aspectos de algún que otro duque, aparecidos en el anuario Estudios Bejaranos del CEB [2] o en otras publicaciones de tipo más divulgativo, como puede ser la Revista de Ferias y Fiestas editada por la Cámara de Comercio de Béjar [3], o las referencias y algún artículo en “Pinceladas de Historia Bejarana” [4], apenas si existen más estudios documentados [5] y son contadas las biografías de los gobernantes del feudo bejarano


3/14/2014

Nuevas aportaciones a las raíces bejaranas de los Argenta

Autora: Carmen Cascón Matas

         Hace unas semanas [1] compartí con vosotros el descubrimiento de que don Vicente Martín de Argenta(1829- 1896), abuelo del famoso director de orquesta Ataúlfo Argenta, había vivido unos años en Béjar ejerciendo como farmacéutico con botica propia, dato que me proporcionó José Antonio Sánchez Paso a raíz de la presentación de un libro escrito por Salvador Arias Nieto, El soplo musical de Ataúlfo Argenta. A raíz de aquella entrada, Jesús Ángel Gómez Pereda (cuyo blog La cueva del tasugo os recomiendo) me dejó un comentario que auguraba nuevos datos sobre el personaje. Pocos días después llegó a mi casa un paquete con trazas de libro procedente de tierras cántabras, la patria de Ataúlfo Argenta. Abrí el gran sobre verde en el que venía convenientemente empaquetado y de su interior surgió un libro titulado Ataúlfo Argenta. Centenario 1913- 1958. Artistas plásticos del siglo XXI [2], cuyos textos estaban escritos por Fernando Argenta y Salvador Arias Nieto. Nada más traspasar el umbral de la portada, una cara conocida me reveló la importancia de la publicación para la entrada que había colgado en el blog: don Vicente Martín de Argenta y Teixidor me miraba con aquellos ojos oscuros suyos, la mirada resuelta, la barba poblada y la pajarita a la moda de entonces en la misma fotografía que ilustraba mi entrada.