Amigos de Béjar y sus historias

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5/17/2015

Benito Guitart Trulls, un arquitecto catalán en el Béjar de hace cien años (1ª Parte)


Autores: Javier R. Sánchez Martín y Roberto Domínguez Blanca
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar,  2012, pp. 55-60.

Introducción

       Benito Guitart i Trulls nació en Barcelona el 12 de agosto de 1866. Allí estudió su carrera en la Escuela Superior de Arquitectura, donde se tituló en 1890[1]. Llegó a Béjar en 1893, permaneciendo aquí hasta 1895 y desarrollando una fructífera labor como arquitecto municipal

Benito Guitart Trulls en una fotografía


         Cuando llevaba sólo unos meses de estancia en Béjar se desplazó a Barcelona para contraer matrimonio con Mª Dolores Sivilla, también barcelonesa. Un hermano de su esposa, Félix Sivilla i Prats, dirigía la empresa “Sivilla y Cía”, con sede en Madrid y dedicada principalmente a actividades de fundición y mecanización, con la que enseguida empezaría a colaborar Guitart. En ella coincidirá con Miguel Munar i Cona, ingeniero industrial de origen mallorquín. En 1896 la sociedad se disuelve, constituyéndose una nueva en la que Sivilla ejerce como socio comanditario, y Guitart y Munar como socios gerentes[2]. Esta asociación será el origen de la próspera “Munar y Guitart”, que pudo constituirse a finales del siglo, fecha en la que Guitart ya residía en Madrid.

5/11/2015

Los bejaranos más peligrosos de 1824



Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.721 (16/01/2015), pp. 2 y 3.


       Durante la guerra de Independencia muchos fueron los patriotas que clamaron a favor de su rey, secuestrado en Bayona, y en pro de las libertades basadas en la constitución de 1812. Dieron su vida y su sangre por expulsar a las tropas francesas, provenientes de un país que había sido el modelo de libertad y que ahora se había convertido en modelo de oprobio y terror. Sin embargo, la vuelta de Fernando VII no significó para ellos la recompensa y la gloria, sino más bien lo contrario. A través del Manifiesto de los Persas, el monarca perseguiría todo conato de defensa de lo expuesto y aprobado en Cádiz, implantando el Antiguo Régimen y lo que representaba: la Inquisición, la eliminación de derechos y libertades, el predominio de la Iglesia, entre otras. A partir de ese momento el peso del estado recayó sobre esos patriotas llamados después liberales. Sólo en una ocasión durante el reinado de Fernando VII la voluntad de los defensores de la libertad se impuso y para ello dieron necesarias las armas en el breve lapso de tiempo del Trienio Liberal (1820- 1823), sinónimo también de inestabilidad y con un viraje hacia el radicalismo que no supuso, en modo alguno, nada positivo para lo que la ideología quería representar. 

 Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros de José Gisbert. Museo del Prado


            El regreso de Fernando VII, tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, significó la vuelta del Antiguo Régimen en lo que los liberales llamaron Década Ominosa. El rey no quería oír hablar de libertades, derechos, constituciones y mucho menos de aperturismo del sistema, sinónimo de caos y excesos. Se hacía preciso controlar a los liberales, enemigos del estado según los gobiernos conservadores, organizados en torno a sociedades secretas para hacer caer, a golpe de estado, un sistema opresor y caduco. En medio de este pánico absolutista, en el que muchos fueron represaliados, encarcelados y fusilados, se expidió a las Chancillerías la orden de que cada ayuntamiento redactara una lista de personas peligrosas con el fin de mantenerlas vigiladas, orden que llegó de manera efectiva a Béjar. Poco después, en 1824 se elabora una “Lista de sospechosos constitucionalistas[1]”, esto es, defensores de la constitución de 1812, en la que figuran los nombres de activos liberales protagonistas de la pasada experiencia del Trienio Liberal

5/04/2015

Ecos de Béjar en Chile (5ª Parte)



 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez


      Según Diego de Azqueta, vicepresidente de la Sociedad Geográfica Española, "A finales del siglo XVIII más de tres cuartas partes del actual territorio de los actuales Estados Unidos era español" (La Huella de España en los Estados Unidos, 2014). Esta gran extensión comprendía el estado de Texas (Tejas), en medio de la cual se encuentra el Condado de Bexar (Béjar) cuya capital es la ciudad de San Antonio (San Antonio de Valero), nombres los dos últimos que aluden directamente al virrey de Nueva España, México, Baltasar de Zúñiga y Guzmán tratado anteriormente.


Misión San Antonio de Valero, El Álamo, en la ciudad de San Antonio, Texas

       El nombre del condado estadounidense proviene de la expedición que el referido virrey encargó a un grupo de franciscanos liderados por fray Antonio de Olivares, para explorar el territorio de Texas desde el río Colorado hasta más allá del río Grande con el fin de establecer familias de colonos españoles y con base en un fuerte, alrededor del cual se formó la Villa de Bexar, o Béjar, asentamiento civil llamado así en honor del padre del virrey, el IX duque de Béjar. En el fuerte-presidio, hoy reconstruido en el centro histórico de la capital del Condado (ver art. ant.) se guardaría un retrato del virrey y su partida de bautismo. 

4/27/2015

Ecos de Béjar en Chile (4ª Parte)



Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez


Don Baltasar de Zúñiga nació en Béjar en 1658, hijo segundo del noveno duque Juan Manuel Diego López de Zúñiga y Mendoza por lo que no sucedió en el título a su padre (lo hizo su hermano mayor Manuel Diego López de Zúñiga y Sarmiento) y no tuvo necesidad de anteponer el Diego López al apellido Zúñiga, según lo había establecido expresamente la tercera duquesa de Béjar, doña Teresa de Zúñiga y Manrique de Lara, llamándose simplemente Baltasar de Zúñiga y Guzmán (claro que con los agregados de Sotomayor y Mendoza, como no podía ser menos)
 
Retrato de Baltasar de Zúñiga y Guzmán en la Galería Bicentenario de México



Fue duque de Arión y marqués de Valero, de Ayamonte y de Alenquer, y Grande de España y, después de tomar parte en la Guerra contra el Turco en Europa donde le tocó la triste tarea de repatriar el cadáver de su hermano,  el Buen Duque don Manuel, fue nombrado por Carlos II virrey de Navarra, luego de Cerdeña y finalmente de México (1716-1722) o Nueva España como se llamaba en la época. Dos de sus familiares, dos primos pertenecientes a las ramas colindantes de la Casa Zúñiga, habían desempeñado anteriormente el último cargo: Álvaro Manrique de Zúñiga (1585-1590), que se enfrentó a la Inquisición mexicana,  y Gaspar de Zúñiga y Acevedo (1595-1603), a quien se debe el nombre de la ciudad de Monterrey mexicana por su título de conde de Monterrey en Galicia.

4/20/2015

Un pasaporte para salir de Béjar



Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº4.714 (3/10/2014), p. 4.

        Hoy día es fácil identificarnos. Cuando un policía nos pide la documentación mostramos nuestro DNI con su correspondiente fotografía o el carnet de conducir e inmediatamente nos incluyen dentro de los ciudadanos de pleno derecho. En caso de que vayamos al extranjero a un país ajeno a la Unión Europea se nos hace imprescindible el pasaporte o el visado recién expedido y con él dispondremos de la posibilidad de movernos por cualquier lugar. 


Pero imaginémonos que retrocedemos en el tiempo, que somos un bejarano o foráneo en el Béjar de 1839 y que queremos salir de la villa (hasta 1850 no se conseguirá el título de ciudad). No, no es tan fácil como coger el petate y echar a andar por el camino de los arrieros hasta el lugar de destino o cabalgar a lomos de un rocín o un caballo hasta la posada más próxima. Cual si de un país extranjero se tratase había que solicitar en el ayuntamiento, y con tiempo, un pasaporte y declarar ante el escribano municipal el lugar y fecha de nacimiento o naturaleza, el estado civil, la profesión, el lugar de destino, el tiempo de estancia y el motivo de la salida de la población. 

Béjar

La causa y razón de tan alto grado de control se explica si tenemos en cuenta de que no se disponía de documento nacional de identidad ni de otro escrito oficial que certificase la filiación y nombres y apellidos de la persona, y menos de una fotografía que mostrase los rasgos del portador. Los controles eran un quebradero de cabeza para la autoridad competente. Se contaba con la palabra dada de un detenido y con la comprobación de su declaración con la comparecencia de testigos que pudieran corroborarla, tarea compleja si se trataba de un viajero a decenas de leguas de distancia de su lugar de origen. Y a ello hemos de sumar las sacudidas políticas e ideológicas de un país siempre en tensión entre moderados y progresistas, la guerra carlista y los conflictos intestinos.