Amigos de Béjar y sus historias

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10/22/2015

La imagen de la mujer en la prensa de Béjar (1900-1925) (3ª Parte y final)

Autora: Mª Teresa López Hernández
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2011, pp. 43-46.

Tampoco eran todo virtudes objeto de admiración, también había ciertas facetas de la personalidad de la mujer que había que corregir. Uno de los principales defectos que se le atribuían era el gusto por el lujo y las modas, prestándose a sus tiranías e incluso con sufrimiento, convirtiéndose en esclavas y “flores de pasión”[1].

No era una cuestión que sólo afectara a España. En el estado de Ohio (EE.UU.) la preocupación llegó a tal extremo que se presentó un proyecto de ley en el que se establecían las normas que se deberían seguir respecto al vestir femenino. En dicho proyecto se proponía declarar ilegales los cuerpos de vestidos abiertos, se fijaba la longitud del escote permitido, se prohibían las telas trasparentes, serían multadas las señoras o señoritas que se alzaran las faldas en público para enseñar las medias, y habría penas de cárcel para los comerciantes que exhibieran en los escaparates maniquíes sin vestir. La indignación de la población femenina no se hizo esperar y acusaron al diputado de soltero y misógino. La noticia la recogía El Noticiero el 24 de mayo de 1913 y acababa con la siguiente frase: “Algo parecido se imponía en la vieja Europa”[2]. 

Rosario Pino, actriz que actuaba en el Teatro Cervantes de Béjar


Pero en el nuevo siglo la permanencia de un ideal clásico de mujer no fue incompatible con las reivindicaciones que evitaran la exclusión del sexo femenino de la actividad política y social. Una parte de la lucha feminista consistió en conseguir el voto femenino. Se pedían los mismos derechos, ventajas, profesiones y cargos de los que disfrutaba el sexo fuerte, puesto que ellas también pagaban contribución y tenían cargas, deberían poder estar en el Parlamento. La Condesa de Pardo Bazán pensaba que era un problema de justicia y reforma social[3].

10/11/2015

La imagen de la mujer en la prensa de Béjar (1900-1925) (2ª Parte)

Autora: Mª Teresa López Hernández
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2011, pp. 43-46.

Incluso Cultura y Tolerancia, revista de carácter progresista -no hay que olvidar que el Ateneo Bejarano había sido fundado por la Juventud Republicana, la Agrupación Socialista y el Grupo Anarquista- organizó un concurso en el que los suscriptores tenían que votar para elegir a la señorita más buena, más culta y más bella de Béjar, considerando señorita a toda joven soltera que hubiera cumplido quince años independientemente de la clase social a la que perteneciera. En marzo de 1912 se proclamarían las ganadoras en una gran velada.

Estamos seguros de que este concurso obedecía a lo explicado con anterioridad y no al hecho de que no hubiera en Béjar mujeres casadas u hombres que reunieran los requisitos exigidos para entrar en cualquiera de esas categorías.



Una vez pasada la etapa de la primera juventud, ante la imposibilidad de promoción social, la única “carrera” para la mujer era la del matrimonio que les permitía tener una seguridad económica y afectiva. No se las formaba para el desempeño de una profesión, que muchas mujeres ni contemplaban, y las que lo hacían se veían con tantas dificultades y con tan poco apoyo que desistían. Solamente trabajaban en caso de necesidad económica, desempeñando oficios considerados propiamente femeninos, de escasa cualificación. Cuando se hace mención de los trabajos que realizaban, se habla de costureras, castañeras, lavanderas.

10/04/2015

La imagen de la mujer en la prensa de Béjar (1900-1925) (1ª Parte)

Autora: Mª Teresa López Hernández
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2011, pp. 43-46.

La prolongación de las características que habían definido el sistema político de la Restauración durante el s. XIX determinaron los primeros años del s. XX en España. La incapacidad del régimen para integrar a las nuevas fuerzas políticas, sociales y económicas, desembocaron en un inmovilismo que acarrearía fuertes tensiones ante la ausencia de las transformaciones necesarias para evitar la conflictividad social, derivada del auge económico motivado por la primera guerra mundial y la consolidación del capitalismo[1].


A pesar de la pervivencia de estructuras y modelos que definían una sociedad propia del siglo anterior, la expansión de los medios de comunicación trajo modificaciones en las costumbres que en principio sólo afectaban a una minoría, pero lograron que se plantearan cuestiones cuyo debate se desarrollaría a lo largo del siglo XX.

Dentro de los medios de comunicación de la época, la prensa escrita tuvo una gran transformación. Nuevas técnicas de impresión y composición permitieron el paso del periódico de opinión de predominio ideológico al periódico de empresa concebido como un negocio, sostenido por el lector y el anunciante y con una variedad temática que pretendía satisfacer los más diversos intereses de los lectores. En los primeros veinte años del siglo se van incorporando páginas especializadas en temas femeninos, espectáculos, turismo, higiene, medicina, agricultura, fiesta taurina, etc [2].

9/28/2015

El día en que la prensa internacional se interesó por Béjar



Autor: Ignacio Coll Tellechea
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2015, pp. 78-80 y en su blog collcenter.es


¿Hay alguien que dude de que los medios de comunicación son el mejor mecanismo para darse a conocer? Aún hoy, cuando han perdido el monopolio de los canales por los que circulan las noticias, su poder es tan grande como para introducir en todos los hogares el nombre de un pueblo recóndito en el que ha tenido lugar una información relevante, con la misma facilidad con la que pueden olvidarse de ello en un plazo de horas. Son los que marcan la agenda de los políticos. Los que hacen posible el estremecimiento o la alegría de millones de personas. Los que escriben la historia moderna, y los guardianes de la reciente.




Una localidad como Béjar no es motivo de interés informativo fuera del ámbito nacional salvo ocasiones muy puntuales, relacionadas con un suceso o una información curiosa. Y sin embargo, hace un siglo y medio el nombre de nuestra ciudad apareció impreso en diarios de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e incluso Australia, en algunos casos siendo objeto de llamativos titulares. ¿Qué fue lo que motivó semejante interés?

En la década de 1860 Béjar vivió los mejores años de la primera edad de oro de la industria textil. Con una población en alza, superior a los 10.000 habitantes, numerosas fábricas de tejidos y otras industrias repartidas por toda la ciudad, la moderna Escuela de Enseñanza Industrial, un segundo puente sobre el río, el recién estrenado telégrafo y la promesa del tren y de la electricidad… Era la imagen de una España que se asomaba a la modernidad y que, por lo tanto, demandaba un marco político y social que se ajustara a un tiempo nuevo en el que la burguesía había ganado la partida a la nobleza, y en la que las clases trabajadoras reivindicaban un papel determinante no solo en los procesos de producción, sino también en el gobierno del país.

9/20/2015

1715-2015: trescientos años de la iglesia parroquial de Valdesangil

Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.734 (7/08/2015), p. 4.

      *Para escribir este artículo me he basado en el excelente trabajo de investigación realizado por José Ignacio Díez Elcuaz y Juan Félix Sánchez Sancho y publicado en la revista Estudios Bejaranos nº 12 de diciembre de 2008. 

      Hace trescientos años que un canónigo placentino, se supone que natural de Valdesangil (a 5 kilómetros de Béjar), quiso honrar a su pueblo con una iglesia digna de sus paisanos. Corría el año 1715 y la monarquía hispánica acababa de salir de una cruenta guerra, la de Sucesión, que había mermado en demasía los territorios que la habían convertido en un imperio siglos atrás. Reinaba entonces Felipe V, el primer Borbón en el trono español, nieto del Rey Sol Luis XIV, y todavía no había desaparecido el aire cansino y decadente de aquel fatal siglo XVII plagado de luces y sombras. Los primeros compases del Siglo de las Luces y sus impulsos renovadores aún estaban por producirse, pero hete aquí que don Francisco Hernández Nieto, canónigo de la catedral de Plasencia, parecía vislumbrar que la brisa soplaba de otro lado y que los cambios no iban a tardar en llegar como una marea a la que pocos podían enfrentarse.

Espadaña de la iglesia de Valdesangil.
Foto extraída de aquí


Valdesangil había acrecentado su número de habitantes en una década de cierta prosperidad coincidente con los postreros coletazos del reinado de Carlos II, el último Austria, y con las medidas reformadoras del conde de Oropesa y del duque de Medinaceli. Aún con todo, el pueblo no disponía siquiera de parroquia propia, sino de una ermita que resultaba insuficiente para tanto feligrés, y dependía para los asuntos espirituales del rector de la iglesia de San Juan Bautista de Béjar. Don Francisco Hernández Nieto, cual vendaval desbocado, consiguió lo que pocos podían haber alcanzado sin ahínco: no retirarse de su canonjía en la sede del obispado, lo que de manera efectiva no se produjo hasta 1722, sin antes conseguir que Valdesangil, su retiro dorado, poseyera párroco al cargo, independiente de San Juan, y templo propio.