Amigos de Béjar y sus historias

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3/21/2016

Heráldica de los Duques de Béjar en la Provincia de Salamanca



Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez


        El patriarca del linaje Zúñiga en Castilla fue Diego López de Estúñiga (primera castellanización del apellido), primer señor de Béjar, villa que obtuvo al intercambiarla por Frías con el rey Enrique III en 1396. De sus descendientes quedan huellas heráldicas en la provincia de Salamanca en lo que corresponde a las ramas de los duques de Béjar y los condes de Miranda del Castañar y Monterrey, representadas fundamentalmente por el blasón de los duques, que actuaron como parientes mayores en la detentación del emblema y en la castellanización definitiva del apellido. Las que se encuentran en Béjar fueron más o menos registradas en el artículo Una historia particular desde un enfoque bejarano, por lo que se apuntará aquí a otros municipios de la provincia.

 



Escudos en el Palacio Ducal y en El Bosque de Béjar



      Los municipios salmantinos de Ledrada, Sanchotello y Valdelacasa llevan el escudo de los duques en el segundo cuartel, por haber pertenecido a la Comunidad de la Villa y Tierra de Béjar.

3/14/2016

"Vuestros y de la causa obrera", de Manuel Carlos Palomeque López, una nueva publicación del CEB que merece la pena leer

   Autor: Carmen Cascón Matas

     Una buena noticia para el Centro de Estudios Bejaranos ha sido la presentación de una nueva publicación sobre la historia de nuestra ciudad. Nos referimos al acto que tuvo lugar el pasado jueves día 10 de marzo en el Casino Obrero en el que tuvimos el gusto de dar a conocer el libro Vuestros y de la causa obrera. La gran huelga de los “siete meses” en Béjar (1913-1914) de Manuel Carlos Palomeque López, trabajo galardonado con el premio “Ciudad de Béjar” en su edición número XIX (2015).

        Tras unas acertadas palabras del presidente del Casino Obrero, Ramón Hernández Garrido, Antonio Avilés Amat, presidente del CEB, presentó al conferenciante y desgranó el proceso de selección de este trabajo como merecedor del premio.


3/07/2016

El corregidor de Béjar, Vicente Sanahuja y Mey: el embellecimiento de Béjar y la amenaza latente del liberalismo (1825-1831) (2ª parte y final)

Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid,  nº 4.725 (20/03/2015), p. 6.


    Como queda dicho, don Vicente Sanahuja y Mey, por nombramiento del rey Fernando VII, se trasladó a Béjar en 1825 para desempeñar el cargo de corregidor, en un momento en el que el estado se había enrocado en el Antiguo Régimen y escaso margen existía para que cualquier cambio a favor de las libertades pudiera producirse tras los excesos del Trienio Liberal (1820- 1823). De hecho los liberales perseguidos bautizaron a este periodo con el oprobioso nombre de Década Ominosa

 Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros, de José Gisbert. 
Museo del Prado

         En Béjar la mayor preocupación de don Vicente basculó entre la decencia y saneo de la población y la obsesión por evitar cualquier conato de levantamiento liberal. En este sentido publicó bandos en pro del aseo de las calles y de la limpieza del monte y restituyó la batida de lobos, que parecían poner en jaque a los pastores de la zona. 

        Por otro lado, en 1824 se había confeccionado una lista de liberales a los que era preciso vigilar por defender  ideas subversivas tales como la defensa del sufragio universal, la libertad de reunión, prensa u opinión o la supresión de los señoríos o la Inquisición, restituida por Fernando VII durante aquellos años luctuosos. Don Vicente mantuvo una férrea vigilancia de los personajes cuyos nombres figuraban en la lista de 1824, evitando la formación de sociedades secretas, células a través de las cuales los liberales pasaban a la acción. 

2/29/2016

El corregidor de Béjar, Vicente Sanahuja y Mey: el embellecimiento de Béjar y la amenaza latente del liberalismo (1825-1831) (1ª parte)


Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid,  nº 4.724 (6/03/2015), p. 6.

*Dedicado a mi antepasado allá donde esté.

     En la noche del 25 de junio de 1825 el alcalde mayor o corregidor de Béjar, don Mariano Herrero, partía hacia su nuevo destino de alcalde del crimen de la Real Audiencia de Valencia mientras su puesto quedaba vacante a la espera de que el rey Fernando VII enviara el nombre de su sustituto. Atrás parecía haber quedado la pesadilla de los desórdenes derivados del Trienio Liberal, concluido dos años antes, aunque nuevas sombras se cernían para una monarquía enrocada cada vez más, por instinto de conservación, en el Antiguo Régimen. El rey se manifestaba una y otra vez en el sentido de que el sistema no debía ceder un ápice ante los embates de los partidarios del liberalismo, ávidos de entregar el sistema en brazos del populacho. Demasiadas experiencias negativas se habían sucedido en aquellos tres años de constitucionalismo y hora era de amarrar a aquellos guerrilleros levantiscos que habían vertido su sangre en la lucha contra Napoleón. La obsesión del monarca por el orden se había transformado en una desatada persecución hacia todo lo que oliera a lucha por las libertades. 

 Fernando VII

        
    El año anterior, sin ir más lejos, se había confeccionado una lista de personas peligrosas en el reino, incluida la villa de Béjar, mientras reconocidos liberales se veían entre rejas, juzgados y ajusticiados, o marchaban camino del exilio. Incluso se llamó a las filas de las Milicias de Voluntarios Realistas, una sustitución de las desparecidas Milicias Nacionales, a aquellos civiles que desearan mantener el orden en sus poblaciones ante cualquier posible amenaza de conspiración, como también sucedió aquí[1]

2/22/2016

Tres Zúñiga en la recepción de una reina y el bautismo de un príncipe



Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

       Antes de la concepción del príncipe Fernando comenzó esta relación, cuando Felipe II, viudo por tercera vez, comisionó a Francisco de Zúñiga y Sotomayor, IV duque de Béjary a sus tíos Gaspar de Zúñiga y Avellaneda, arzobispo de Sevilla y cardenal de España, y Francisco de Zúñiga y Avellaneda, IV conde de Miranda del Castañar y Grande de España, para recibir en Santander a la que sería su cuarta esposa, Ana de Austria. La futura reina venía acompañada por el Gran Duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, hijo del III marqués de Coria, García Álvarez de Toledo y Zúñiga (el duque de Alba había representado al rey Felipe en los esponsales con Ana, celebrados en el Castillo de Praga seis meses antes).



Retrato de Fernando, Príncipe de Asturias, por Alonso Sánchez Coello





      La noble comitiva paseó a la nueva reina –que no hablaba español, como su abuelo Carlos cuando llegó a España- por Burgos y Valladolid, hasta llegar a Segovia, en cuya catedral se celebró la boda real el 12 de noviembre de 1570, ceremonia oficiada por el tío del duque Francisco de Zúñiga y Sotomayor, el cardenal-arzobispo Gaspar de Zúñiga y Avellaneda.