Autor: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.625. 5 de Noviembre de 2010.
*Texto conmemorativo del 349º Aniversario del nacimiento de Carlos II (6 de noviembre de 1661), auspiciado desde el blog Reinado de Carlos II.
Las caras de los bejaranos que, en una mañana de un día y de un mes del año 1691, pululaban por las cercanías de la iglesia de San Juan reflejaban asombro. Las mujeres se detenían con sus cestas bajo el brazo para mirar a los desconocidos. Los chiquillos y rapazuelos corrían delante de los carros y las mulas repletas de bultos, saltando, cantando, como si de una fiesta se tratara. Se convocó al cura párroco para que preguntara a los extranjeros si eran de la religión de Nuestro Señor. Nadie lo dudaba, pues era voluntad de la señora duquesa el que se asentaran en la villa y ya se había lanzado a los cuatro vientos el arribo de los “maestros flamencos”, como se les llamaba.
Durante años el trasiego de extranjeros en Béjar se hizo corriente y, lo que había llamado la atención a los bejaranos, pronto se convirtió en un hecho habitual, por lo que los carros repletos de equipaje ya no eran recibidos por nadie, si acaso por las mujeres que cosían al sol de la mañana, los mendigos que pedían limosna o los tesoreros del duque que tenían la obligación de velar por ellos. Hacia 1720 en las calles de la villa se escuchaba hablar en castellano, en valón, francés, flamenco, alemán o inglés.
Durante años el trasiego de extranjeros en Béjar se hizo corriente y, lo que había llamado la atención a los bejaranos, pronto se convirtió en un hecho habitual, por lo que los carros repletos de equipaje ya no eran recibidos por nadie, si acaso por las mujeres que cosían al sol de la mañana, los mendigos que pedían limosna o los tesoreros del duque que tenían la obligación de velar por ellos. Hacia 1720 en las calles de la villa se escuchaba hablar en castellano, en valón, francés, flamenco, alemán o inglés.



