Autor: Carmen Cascón Matas
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, nº 4.678 (11/11/2011)
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, nº 4.678 (11/11/2011)
Supongamos que hemos hecho un viaje al pasado y que nos encontramos en el interior de la iglesia de El Salvador un día de Navidad de 1784. ¿Presuponemos que se escuchan voces melódicas, letanías y los acordes de un órgano? Nada más asomar nuestra nariz por el cancel, vemos a un tropel de gentes insultándose, llegando casi a las manos, mientras los clérigos intentan poner paz y el corregidor con sus hombres desaloja el templo a empellones.
La iglesia de El Salvador asemejábase a un hervidero de gentes congregadas al calor de la elección de un nuevo mayordomo para el año venidero. El personaje votado por sus feligreses debía poseer unas características establecidas por tradición: solvencia económica, comportamiento religioso sin tacha y habilidad para los asuntos contables reconocida, cualidades estas que alejaban del puesto a los humildes parroquianos que pululaban por la Plaza. Ni que decir tiene que el cargo era desempeñado por fabricantes, plateros, hidalgos, eclesiásticos; gentes habituadas a regentar negocios, cargos y dineros, dar órdenes y mirar por encima del hombro a sus semejantes en el Antiguo Régimen.

