Amigos de Béjar y sus historias

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3/29/2012

Una reflexión sobre la eterna polémica enseñanza pública/ enseñanza privada: Unamuno y la Escuela de Industrias de Béjar (1909)

Autora: Carmen Cascón Matas
       

       La Escuela Industrial de Béjar fue fundada en 1852 gracias al esfuerzo de un pensador y prohombre nacido en la ciudad, don Nicomedes Martín Mateos, con el apoyo, eso sí, de la burguesía, ayuntamiento y diputación dentro de un proceso de expansión de las enseñanzas técnicas que se estaba consolidando en España. La idea no era nueva, pues España se estaba sumando tarde a un modelo ya implantado en Gran Bretaña o en Francia desde hacía medio siglo. El objetivo consistía en alfabetizar a las masas obreras, por lo menos en lo que se refería a la enseñanza elemental, y obtener de ese modo una mano de obra cualificada adaptada a la industria. 

Unamuno

            La primera intentona de Escuela Industrial en Béjar sucumbió en 1868 por falta de entusiasmo y recursos económicos por parte de la diputación provincial. Sin embargo, los intelectuales bejaranos no se dieron por derrotados, abriendo una Escuela Municipal con el apoyo del consistorio y de la Sociedad Económica de Amigos del País con las mismas premisas que la fenecida. En 1886 sus esfuerzos se vieron recompensados al ser integrada como Escuela de Artes y Oficios oficial y en 1900 al ser reconocida como una de las nueve primeras Escuelas de Artes e Industrias de España junto a las de Madrid, Alcoi, Gijón, Cartagena, Las Palmas, Terrasa, Vigo y Vilanova i la Geltrù. 

3/25/2012

Presentación de "La fábrica textil de Navahonda en un plano de 1868", discurso de ingreso al C.E.B. de Javier R. Sánchez Martín




El viernes pasado día 23 de marzo, y en el salón de plenos del ayuntamiento de Béjar, Javier R. Sánchez Martín presentó su discurso de ingreso al Centro de Estudios Bejaranos. Creo que este nombre no podrá resultaros ajeno, habida cuenta de que es colaborador asiduo de este blog en el que aporta estudios centrados, sobre todo, en la historia textil de la ciudad. El tema de su discurso no podía ser otro que éste que mencionamos: La fábrica textil de Navahonda en un plano de 1868


Membrete de la fábrica con un grabado de la misma hacia 1927
        

3/18/2012

Una constitución, una esperanza: “La Pepa” en Béjar.



Autora: Carmen Cascón Matas


Al año 1812 los españoles lo bautizaron como el “año del hambre”, pues la guerra no acababa, había escasez de mano de obra, los campos estaban arrasados y los productos de primera necesidad brillaban por su ausencia. Patriotas e invasores, en la ciudad y en el campo, sufrían la penuria. De esto ya hace 200 años y la Guerra de Independencia, una guerra civil de las muchas que sufrió España a lo largo de su historia, aunque para la colectividad sólo exista una merecedora de tal denominación, se encontraba en su apogeo. Napoleón había fijado sus ojos en la península y, codicioso, hacía años que había invadido con sus tropas de forma “legal”, con permiso de la monarquía española, el territorio. Aunque el destronado Fernando VII desde  Bayona, y por medio de la Junta de Gobierno, instaba a la calma, el pueblo español nunca aceptó esta situación. Resultábales doloroso observar cómo los franceses campaban a sus anchas con la condescendencia de sus ejércitos y con el rey preso en Francia. La mecha se encendió el 2 de Mayo de 1808, cuando el pueblo de Madrid se levantó en armas en una resistencia que se extendió como un reguero de pólvora por toda la península, surgiendo Juntas Militares a nivel local y provincial con la misión de dirigir la lucha contra el invasor. De entre los integrantes de las Juntas Militares provinciales se nombraron a los de la Junta Central, primer ejemplo éste de representatividad nacional, idea que cuajará en las Cortes de Cádiz y en la Constitución Liberal Española de 1812.

La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra

3/14/2012

La afilada pluma de don Francés de Zúñiga (2ª parte y final)


         
         Autora: Carmen Cascón Matas

       Con respecto a las descripciones de personajes que pululaban por la corte imperial, no aflojaba la lluvia de críticas por parte de don Francés, por muchas mercedes, privilegios y alta sangre de que presumieran, siendo sus caricaturas tan gráficas y ácidas como las utilizadas con individuos de más baja estofa. A lo largo de su epistolario nos muestra una visión de la corte que no puede ser más desalentadora. “A vuestra señoría hago saber cómo ha tres meses que estoy fuera de la corte, y si el Emperador por mí no enviara, tarde volviera; y la razón es, porque los que aquí andan son pocos y pobres de ánimo y traen los gaznates secos de codicia”.



Jean Fouquet "El bufón Gonella"
   

3/09/2012

La afilada pluma de don Francés de Zúñiga (1ª Parte)



Autora: Carmen Cascón Matas


Tras estas apasionantes entradas sobre un personaje, que conoció en una sola vida tanto las grandezas de la corte como la miseria del desprecio y de la muerte violenta, que con su ingenio logró codearse con la más rancia nobleza, primero sirviendo a las órdenes de su amo, don Álvaro de Zúñiga, duque de Béjar, y después a la vera del emperador Carlos V, nos queda por vislumbrar los trazos de su afilada pluma, fiel reflejo de una lengua acostumbrada a decir verdades. ¿Qué lindezas escribiría y pronunciaría para atraer las inquinas de los nobles de su época? Porque la verdad dicha sin tapujos no agrada a nadie. De ello se daba cuenta el bufón al escribir en una carta al emperador: “Si pensara, señor Emperador, que tan mal me había de suceder, y que tan poco había de medrar, y que mis amigos había de perder, y tantos enemigos cobrar (…); que ni auctor me hiciera ni cronista me llamara. Mas no me maravilla, que negocio es muy usado que quien mucho habla su pago lleva y muy poco medra, digo de riquezas y bienes comunes; porque de palos y pescozones, en su mano es dallos, y mi trabajoso cuerpo recibillos.” La ira nobiliaria la sentía ya por entonces cerca: “el duque de Béjar no me mira, aunque pase por junto a él, y el Condestable me guiña, el marqués de Cenete me amenaza, musiur de Laxao me las jura, y Sancho Bravo me las pega Domine, adjuva me.” ¿Preconizaba la muerte que le esperaba?


La soledad de don Francés