Amigos de Béjar y sus historias

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11/07/2012

El Santo Oficio, un motín y el párroco Gerónimo González de Lucio (1ª Parte)

Autor: Antonio Avilés Amat
Publicado: Semanario Béjar en Madrid

Nueva aportación  al motín contra Gerónimo González de Lucio, párroco de la iglesia de El Salvador y Comisario del Santo Oficio de la Inquisición en Béjar. El tribunal inquisitorial de Llerena juzga por el delito de fautoría a uno de los promotores del mismo (1ª Parte)


            1.-INTRODUCCIÓN

            El presente trabajo se ha elaborado a partir de una Relación de causas -enjuiciadas y en su mayor parte sentenciadas- que el tribunal de la Inquisición de Llerena remite en 1656 al Consejo de la Suprema Inquisición. En uno de los folios[1] de la mencionada relación -que se reproduce más adelante- se halla incluido, con el número 10, el resumen de un proceso inconcluso que se relaciona con el sorprendente motín que, un año antes, se produjera en la villa bejarana contra el licenciado Gerónimo González de Lucio, cura párroco de la iglesia del Salvador

Iglesia de El Salvador desde los soportales de la Plaza Mayor

           El suceso –insólito por sus circunstancias tanto en la localidad como en la época en que se produjo- del que, en 1924, dio documentada noticia el historiador bejarano Antonio Martín Lázaro en un artículo publicado en el semanario local Béjar en Madrid[2], sería recogido 57 años más tarde por el sacerdote, polígrafo e historiador José Luis Majada Neila en una magistral biografía sobre el soberbio personaje en su libro, meticuloso y ameno, titulado Genio Indómito[3].

            Tras la reproducción y transcripción de las páginas en las que aparece compendiado el proceso, se recordarán al lector las particularidades en que se desarrolló el multitudinario tumulto contra el clérigo bejarano, las personas intervinientes en el mismo y su adecuado –que no infausto, como cabría esperar- desenlace, así como la aportación del documento estudiado a un mejor conocimiento del hecho histórico.

10/31/2012

La Escuela Elemental de Artes y Oficios de Béjar (2ª Parte y final)



Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2010, pp. 45-48.

            Las fechas en las que se enmarca esta nueva fase de la Escuela vienen marcadas por el reconocimiento de la enseñanza técnica elemental de Béjar por el estado en 1886 y la implantación del nivel medio en 1901. A partir de ese momento la costeará económicamente, evitando los problemas de financiación que arrastraba desde sus inicios. 

            La ceremonia oficial de inauguración tuvo lugar en el edificio de la Calle Mansilla el 14 de noviembre de 1887 y a ella asistieron autoridades civiles y militares, el diputado a Cortes Jerónimo Rodríguez Yagüe, la Sociedad Económica de Amigos del País, la Junta de Fábrica y los miembros de la suprimida Escuela Municipal de Artes y Oficios. El discurso de apertura fue pronunciado por Luis Caballero Noguerol y en él hizo hincapié de la utilidad que reportan las Escuelas de Artes y Oficios en poblaciones industriales como la nuestra y apropósito de la crisis por que atraviesa la industria lanera (…) hizo atinadas observaciones a la marcha lánguida que en ésta se viene sumiendo desde hace unos años a esta parte e indicó los medios que a su juicio debieran ponerse en práctica por fabricantes y obreros para conjurar la crisis que amenaza con terminar con nuestra industria[1].


Edificio primitivo de la Escuela de Artes y Oficios


            Las asignaturas impartidas eran “Aritmética, Geometría y principios de la construcción” (impartida por el profesor Luis Caballero Noguerol), “Dibujo geométrico industrial” (profesor José Illán Manzanares y ayudante Ramón Martín Bonisana) “Física, química y mecánica” (profesor Primo Comendador Téllez, a la vez director del centro), “Dibujo de adorno y figura” (ayudante José Villaamil), “Modelado y vaciado” (ayudante Evaristo Nieto Gómez). A esta plantilla debemos sumar al ayudante de clases orales Enrique Brochín Comendador, el escribiente Manuel Alonso Medina, el conserje León Guijo Rodríguez y dos mozos de aseo. Posteriormente, y como ahora veremos, se añadió la asignatura “Taller de Tejidos”[2]

10/24/2012

La Escuela Elemental de Artes y Oficios de Béjar (1ª Parte)




Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2010, pp. 45-48.

Introducción

La Escuela Industrial Elemental de Béjar nació en 1852 de la mano de la burguesía local, del ayuntamiento y de la diputación de Salamanca dentro de una fase de prosperidad de la industria textil local. En efecto, según José María Hernández Díaz la erección y sostenimiento de las Escuelas de Artes y Oficios en la España de la Restauración es el resultado del apoyo prestado por diversas iniciativas populares, privadas, eclesiásticas, municipales o de la Administración central (en mucho menor grado ésta) que intervienen en el tema de manera muy desigual[1]
La idea no era nueva en nuestra localidad pues a lo largo de la primera mitad del siglo XIX se habían realizado varias intentonas de implantar una enseñanza manual básica con resultado siempre negativo[2]. El modelo no era privativo de Béjar; sólo había que mirar al resto de España para implantar unas ideas puestas ya en marcha en otros lugares y copiadas a su vez de Europa, sobre todo de la Francia anterior a la Revolución Francesa y a la Inglaterra de la industrialización[3]. No obstante, la implantación de las enseñanzas técnicas en España no se plantea hasta la llegada de la industrialización, un proceso irregular por ser regional y parcial. El objetivo consistía en alfabetizar a la masa obrera a nivel elemental y otorgarle unos conocimientos básicos técnicos adecuados y adaptados a las necesidades de la industria. Con ello se obtenía un doble beneficio: conseguir mano de obra cualificada y mejorar la cantidad y calidad de los paños fabricados. Hemos de tener en cuenta que Béjar contaba con 200 fábricas abiertas productoras de unas 754.600 varas de paño anuales y que daban empleo a 4.000 personas, según dejó escrito Pascual Madoz quien nos visitó en 1849[4]


Fabril Militar de Béjar
              El 20 de julio de 1852, y mediante real orden auspiciada por el Ministro de Fomento Miguel de Reynoso, se autorizó la apertura de la Escuela Industrial Elemental de Béjar con un presupuesto inicial de 48.000 reales[5]. El primer director de la Escuela, don Nicomedes Martín Mateos -filósofo de reconocimiento internacional y bejarano de nacimiento-, pronunció el discurso inaugural en el originario edificio de la institución, una construcción - hoy desaparecida- compartida con la Escuela de Primeras Letras situada en la calle Mansilla, en el mismo solar de la actual Plaza del Mercado. Posteriormente se trasladaría a la calle Quebradilla de San Francisco[6]

10/18/2012

Semblanza de Francisco III de Zúñiga y Sotomayor, marqués de Gibraleón y duque de Béjar (2ª parte y final)



Autor: Antonio Mira Toscano, profesor de la universidad de Huelva. 
Conferencia pronunciada en Gibraleón en ocasión del traslado de los restos a esta ciudad del duque Francisco III.



Aunque el Marquesado de Gibraleón era para Francisco III Diego Zúñiga de Sotomayor algo más que el territorio del que obtenía sus rentas, su administración no desdeñó la necesidad económica de fomentar el asentamiento de población en sus tierras. Así, en marzo de 1589 publicaba una carta de franquicias para repoblar el lugar de San Bartolomé de la Torre, a cuyos vecinos ya había otorgado en 1575 el derecho de ser libres del pago de alcabala para cualquier venta de ganado, yeguas y potros realizada en la víspera del santo, así como otros mantenimientos que allí fuesen a vender. Del mismo modo, y preocupado por el continuo despoblamiento que sufría la costa de su señorío, azotado como el resto del litoral español por piratas y corsarios de toda clase, concedía en mayo de 1597 exenciones y libertades a los nuevos habitantes que quisieran venir a instalarse en la pequeña y hoy desaparecida villa de San Miguel de Arca de Buey, cercana a lo que es hoy El Rompido. Allí hubo de reformar, siguiendo órdenes de Felipe II y empleando grandes sumas de dinero, la fortaleza litoral existente para que sirviera a la defensa costera junto con las nuevas torres vigías construidas en su jurisdicción; las de Marijata y Punta de Umbría.

Torre vigía de Punta Umbría (Huelva). Foto extraída de aquí

10/11/2012

Semblanza de Francisco III de Zúñiga y Sotomayor, marqués de Gibraleón y duque de Béjar (1ª Parte)




 *Conferencia pronunciada por el profesor de la Universidad de Huelva, Antonio Mira Toscano, en ocasión del Enterramiento de los Restos del Duque de Béjar y Marqués de Gibraleón, Francisco III Diego López de Zúñiga Sotomayor y Mendoza el pasado día 29 de septiembre en la localidad de Gibraleón (Huelva). Durante los días 26, 27, 28 y 29 de septiembre se llevaron a cabo unas jornadas culturales de gran interés sobre este personaje tan ligado a Gibraléon a la vez que a Béjar y a otros pueblos vinculados a la Casa de Zúñiga organizadas por la Asociación "Gibraleón Cultural". Los restos del marqués y duque fueron trasladados desde el monasterio de dominicas de la Madre de Dios de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) hasta la iglesia de Santiago de Gibraleón. Podéis conocer más del acto pinchando aquí.

En la villa y corte de Madrid, como dicen los documentos, “estando enfermo en la cama de la enfermedad que Dios nuestro señor fue servido de le dar, pero en su buen juicio y entendimiento”, a las ocho de la mañana del día 9 de mayo de 1601, el V duque de Béjar expiraba a la edad de 45 años. Le acompañaban en su último trance algunos miembros de su Consejo de Cámara, su contador, tesorero y secretario. 

Gibraleón. Imagen extraída de aquí

             Francisco III Diego Zúñiga de Sotomayor y Mendoza, caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro y Grande de España, había llegado a ostentar, además del influyente título de duque de Béjar, los de duque de Plasencia, marqués de Gibraleón, conde de Belalcázar y de Bañares y vizconde de la Puebla de Alcocer; detentando también otros altos cargos en la Corte, como el de justicia mayor o el de alguacil mayor hereditario del Reino de Castilla.