Amigos de Béjar y sus historias

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5/04/2013

Arquitectos y canteros en la arquitectura bejarana del siglo XVIII (1ª Parte)



Autor: Roberto Domínguez Blanca.
Publicado: especial del semanario Béjar en Madrid de 2009.

La presencia de maestros canteros de procedencia gallega (en especial de la villa pontevedresa de La Guardia) trabajando en Béjar y los pueblos de su comarca fue una constante durante los siglos XVIII y XIX, como ya documentara Ros Massana para la década que transcurre de 1828 a 1838 se registran varios viajes a Galicia de canteros de esta procedencia, tras el trabajo estacional en Béjar y en otras zonas de Castilla[1]. Junto con los canteros locales trabajarían en todo tipo de tipo de obras propias de su oficio, desde el empedrado de calles hasta la construcción de iglesias. 

 Candelario (Salamanca)

4/28/2013

"El anarquista que se llamaba como yo" y el anarquismo en Béjar

Autora: Carmen Cascón Matas


A mi regreso de unas cortas vacaciones me encuentro en facebook con la noticia de la presentación de una novela relacionada con Béjar que quiero compartir con vosotros. Su título es "El anarquista que se llamaba como yo" y, por supuesto, parte de su acción transcurre en esta ciudad que tan bien vais conociendo por lo que contamos en este espacio. No os extrañará, con nuestra trayectoria industrial, el hecho de que pululasen anarquistas en esa Béjar textil de finales del siglo XIX y principios del XX, con una conflictividad social enorme en una olla a punto de estallar. Huelgas, enfrentamientos, sindicatos con gran poderío y una burguesía anclada en valores tradicionales hacían que el clima fuese propicio para la lucha. 





No hace mucho me sorprendió el dato manejado por Pablo Puente en su discurso de entrada al Centro de Estudios en el que comentaba que Mateo Morral, el anarquista catalán que arrojó la bomba sobre la comitiva regia el día de la boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, había trabajado durante un tiempo en una fábrica de Béjar. El senador del  reino, alcalde y fabricante de paños, don José Rodríguez Yagüe, el famoso don Pepito, se libró por los pelos de un atentado anarquista en la calle Rodríguez Vidal, según testimonio oral. 



4/18/2013

Pasos para la defensa de un tesoro artístico rural y una exposición de escultura en Gijón


El asunto de Talaván al que tanto nos estamos refiriendo en este blog parece que mejora por momentos. Y, como no os quiero dejar fuera de los acontecimientos, voy a hacer un resumen de cómo están las cosas y cómo se ha desencadenado la defensa de una ermita arruinada y perdida de Extremadura. 

1. Hace cosa de un par de meses se dirigió a mí Gabriel Cusac para contarme la existencia de una ermita arruinada en Talaván, pueblo que había visitado en compañía de un buen amigo y fotógrafo. El impacto que había recibido del lugar, de sus extraños esgrafiados e iconografía y del espíritu que allí parecía morar que había resuleto defender como sea la pervivencia de aquella ilustre ruina. Hicimos un pacto tácito de compartir en nuestros respectivos blogs todo lo relacionado con ella con el fin de darlo a conocer al mayor número de gente. De aquello resultó esta primera entrada en el blog. Una petición de ayuda. También llegó a saber que el programa Cuarto Milenio había tratado el tema de la ermita con fines más de misterio que de investigación histórica, icoográfica o artística. Con el llamativo nombre de "Los ángles malos de Talaván" se había subido un vídeo a youtube el 06/10/2012.

2. Poco a poco Gabriel fue emprendiendo su ya no tan solitaria cruzada en defensa del patrimonio talavaniego. Así envió correos electrónicos al ayuntamiento de Talaván y a la Diputación de Cáceres que no fueron contestados en un principio. Aún así no cejó a la hora de investigar sobre los misteriosos réprobos que tanto le obsesionaban. Les dedicó incluso una creación literaria surgida de su pluma, publicada digitalmente con el título de Cuentos desquiciados. Sin embargo, se dió cuenta de que su lucha en solitario no iba a ser posible sin el apoyo de otra gente y de alguna institución que hiciera más oficial su petición.



3. Así, Gabriel se dirigió a la Junta Directiva del Centro de Estudios Bejaranos explicándoles la situación de desaparición inminente de una ruina, cuyos esgrafiados destacaban por su rareza. Dos miembros del CEB y él mismo volvieron a visitar Talaván con el fin de comprobar con sus propios ojos el estado del templo. De aquel viaje se dieron cuenta de la rapidez con que tenían que reaccionar si querían mantener en pie un tesoro desconocido para la mayoría. Rápidamente se hiceron las llamadas pertienentes, se enviaron cartas por escrito al ayuntamiento y a la Directora General de Patrimonio de la Junta de Extremadura y uno de sus miembros, Roberto Domínguez Blanca, licenciado en Historia del Arte, comenzó a investigar el valor artístico de tales esgrafiados. De su trabajo surgió un pequeño trabajo, anuncio de otro más concienzudo, que compartimos en este blog: La ermita del Santo Cristo de Talaván (Cáceres), otro episodio de patrimonio artístico a punto de desaparecer. 


4/13/2013

El "duque fabricante" don Juan Manuel II: breve biografía (4ª Parte y final)




Autores: Alberto Bravo Martín y Carmen Cascón Matas

En cuanto a su preponderancia económica, el Duque de Béjar poseía grandes rebaños de ganado lanar (20.000 cabezas) en Segovia cuya lana era vendida en todos los lugares de la geografía española[1].

No lejos de su idea de la prosperidad de sus estados, el Duque de Béjar sostenía con sus rentas tres colegios de niñas huérfanas en Béjar y en 1725 se redactó el reglamento para organizarlos. El primero de los edificios, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción, Santa Isabel de Hungría y Santa Isabel de Portugal, se situaba en la Plaza Mayor de Béjar, en unos terrenos pertenecientes al Duque y muy próximos a su palacio, en la llamada “Casa de las Beatas”. Don Juan Manuel se comprometía a mantener a 12 niñas pobres o huérfanas de entre 6 y 9 años elegidas por los eclesiásticos de la Villa por su conocida necesidad. El segundo se encontraba en Navalmoral de Béjar y, bajo la protección de Nuestra Señora de la Soledad y varios santos más, acogía a otra docena de niñas del lugar y alrededores. El último, el Colegio de Niñas Pobres de Nuestra Señora de la Asunción, se alzaba en Neila. En las disposiciones redactadas por el Duque de Béjar se especificaba de manera minuciosa la vida, costumbres, horarios, vestidos y educación que debían seguir estas niñas acogidas bajo el amparo señorial, desglosando pertinentemente los presupuestos anuales en concepto de manutención de casa uno de estos colegios[2]

Soportales de las "Casas de Su Excelencia". Plaza Mayor de Béjar.

La obsesión por el embellecimiento de sus estados llevó a don Juan Manuel II a encargar al economista francés Manuel Jovin una serie de estudios para embellecer la villa. En su informe hacía imprescindible construir en la Plaza Mayor casas de piedra de cantería, portales y arcos para el comercio (como luego se llevó a cabo) para obtener un espacio más simétrico y acorde con la importancia de la villa, así como la edificación de casas al estilo de la existentes en San Juan de Luz (Francia) entre la iglesia de Santa María la Mayor y Santiago por encontrarse en ruinas[3]. Además permitió que se construyera en el monte de Béjar una plaza de toros de cantería para sustituir la antigua de madera que se alzaba con los peculios de la cofradía de la Virgen del Castañar con el fin de celebrar corridas de toros el día de la fiesta de la patrona, proceso constructivo que se llevó a cabo entre 1706 y 1711. El Duque venía así a oponerse a la famosa prohibición de correr toros expedida por su abuela doña Teresa Sarmiento de la Cerda en 1667[4]. En 1707, con motivo del nacimiento del Príncipe de Asturias, luego Luis I, se celebraron toros en la Plaza de Toros del Castañar. Según algunos indicios tomados por Juan Muñoz García soldados que se hallaban en la villa debido a la Guerra de Sucesión fueron obligados a trabajar en la edificación del coso bejarano[5].

4/06/2013

El "duque fabricante" don Juan Manuel II: breve biografía (3ª Parte)




Autores: Alberto Bravo Martín y Carmen Cascón Matas


          No nos debe parecer extraño que el Duque de Béjar apoyara desde el inicio del conflicto sucesorio a Felipe V (salvo con su breve desafección tras la toma aliada de Madrid en 1706), pues la monarquía borbónica apoyaba un modelo de economía intervencionista mercantilista basada en la potenciación de las fábricas reales y el incentivo de las privadas a través de exenciones y privilegios, como ya había sucedido en Francia durante el reinado de su abuelo Luis XIV[1]. Don Juan Manuel II aprovechará esta situación promoviendo el proceso manufacturero en sus numerosos estados como ya vimos, aunque siempre como un señor paternalista intentando buscar la mejora de sus estados. Siguió contratando a maestros extranjeros para que se asentaran en Béjar con el fin de enseñar a los naturales tanto en la fabricación de paño fino y tintado de las piezas de lana como al cultivo y manufactura del lino al estilo flamenco[2]




            El objetivo primordial se acabó cumpliendo pues a partir del primer tercio del siglo XVIII numerosos bejaranos se lanzaron a la aventura de la fabricación de paños, al principio tímidamente, dedicándose solamente a una fase del proceso productivo para luego crear obradores de mediano tamaño que fueron la base de la industria pañera del siglo XIX. Además numerosas familias naturales de la Villa acabaron matrimoniando con los propios maestros extranjeros, produciéndose una mezcla de sangres que se puede rastrear en algunos apellidos perdurables hasta la actualidad[3]. Por otro lado, el Duque era el principal suministrador de lana para los obradores, así como la persona que establecía los precios de venta de los tejidos y las medidas standard de las piezas[4]