Autora: Carmen Cascón Matas
Aunque bien es cierto
que el patronato de la procesión del Corpus Christi recaía sobre la Casa Ducal
-como bien explicó en su libro “Ideología, control social y conflicto en el
Antiguo Régimen” Alejandro López Álvarez-, el consistorio se encargaba de la
organización de la misma. En nuestras pesquisas sobre el pasado de Béjar a
través de las actas municipales, es frecuente que nuestros ojos se posen en las
anotaciones que cada año hacía el secretario de las disposiciones tomadas por
sus regidores en relación con esta procesión que tantos vuelos ha ido
adquiriendo a lo largo de los años, sobre todo por la presencia curiosa de los
hombres de musgo. Sin embargo, esta muestra de religiosidad a la vez que de la
sociedad existente dista mucho de parecerse a la que se ofrecía a los ojos de
nuestros antepasados del siglo XVIII.

En
1751 el consistorio instó, como todos los años, a los vecinos “que se limpien
las puertas y las calles y cuelguen sus ventanas y echen en el suelo tomillos,
espadañas y otras flores pena de 4 ducados”[1].
Como vemos su incumplimiento se penaba con una multa cuantiosa para la época.

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