Amigos de Béjar y sus historias

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8/18/2014

Un paseo por la Ruta del Cedro Centenario (3ª Parte y final)





Autor: Óscar González Hoya
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2011.


        Proseguimos nuestro camino de bajada en el que asombran las proporciones del Viaducto y el antiestético matadero junto a las naves del polígono industrial. Comprensiblemente, y en este caso, en las construcciones modernas, y más en las dedicadas a la industria, no se impone lo artístico y vistoso, sino lo funcional. En contraposición apreciamos las naves de la antigua fábrica de García y Cascón, hundida junto al río, testigo mudo de un tiempo que se fue. Esperemos que en algún momento alguien le otorgue una utilidad pues, de lo contrario, acabarán desapareciendo por el inexorable paso del tiempo. 



 Camino cerca de La Francesa


            Llegamos al final del camino en el que existe una cancela de hierro con unas escaleras habilitadas para salvarla y llegar sin contratiempos a la vía férrea. Llegados a este punto podemos optar por ir hacia la antigua estación de ferrocarril tirando hacia nuestra derecha, aunque, en nuestro caso, iremos a la izquierda en dirección a Cantagallo. Por cierto que hace algunos meses la vía fue limpiada y se nota, pero ha vuelto a crecer la maleza por su falta de uso. Se prometió la realización de un estudio para medir la viabilidad del paso de un tren turístico con salida en Béjar y llegada a Puerto de Béjar. Por desgracia no sabemos nada de este asunto. Posiblemente haya caído en el olvido como todo lo que está relacionado con el ferrocarril en esta provincia, ya que las autoridades se niegan al desarrollo de este medio de transporte que es rentable, respetuoso con el medio ambiente y rápido. Me temo que sólo se patrocinan las comunicaciones por carretera que es carísimo, teniendo en cuenta los precios del carburante, nada respetuoso con el medio ambiente y relativamente lento si lo comparamos con las velocidades que pueden alcanzar los ferrocarriles actuales. 

8/11/2014

Un paseo por la Ruta del Cedro Centenario (2ª Parte)



Autor: Óscar González Hoya
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2011.


           Siguiendo nuestra ruta y, a partir de este punto, nuestros pasos caminarán por un terreno que los ciclistas denominarían rompe-piernas por la presencia de subidas y bajadas. Al finalizar esta zona la ruta se alisa para llegar al lugar donde estuvo situada originalmente la ermita de Santa Marina. En este paraje, denominado La Centena, se ubican dos casas rurales: Santa Marina y La Centena. Invito a nuestros visitantes a hospedarse en ellas, pues disfrutarán de una estancia en plena naturaleza combinada con las comodidades modernas. El paisaje en este lugar es espectacular, sobre todo en primavera. Hacia la transición entre esta estación y el verano, allá para junio, los árboles adquieren una tonalidad de un verde pálido similar a la del otoño.

            El Cedro Centenario goza de buena salud

          Una vez dejada a un lado la puerta de acceso a la Casa Rural de La Centena, el camino se estrecha. En ese mismo punto nos encontraremos con una vereda a nuestra izquierda que conduce a la Fuente del Lobo, un sendero escarpado escoltado por robles y castaños por ser de nuevo una zona húmeda. Merece la pena transitarla. En nuestro caso continuaremos el recorrido siguiendo la ruta marcada, es decir, hacia delante o hacia la derecha en contraposición al camino que conduce a la Fuente del Lobo. A partir de este momento nuestra marcha será más complicada al situarse el sendero entre paredones divisorios de propiedades y afloraciones graníticas.

8/04/2014

Un paseo por la Ruta del Cedro Centenario (1ª Parte)



Autor: Óscar González Hoya
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2011


En este artículo voy a hablarles acerca de la llamada Ruta del Cedro Centenario. Supongo que ya será conocida por la mayoría de los lectores, pues se ha popularizado mucho en los últimos tiempos. Hace un par de años se llevó a cabo su señalización y correcta explicación a través de paneles informativos, a la vez que una actividad de las Jornadas de Equinoccio organizadas por el ayuntamiento en la zona, todo ello, paneles, señalización y actividad realizadas de la mano del Grupo El Cervunal. A ello se sumó la edición de un folleto que puede encontrarse en la oficina de turismo.



 Parque de Santa Ana


En estos tiempos en los que nuestro turismo parece estar sólo centrado en la sierra y en la nieve, es hora de dar difusión a otros entornos como es el caso del monte. Sería interesante compaginar la idea de la Estación de Esquí de La Covatilla con la creación del Parque Natural de Candelario, proyecto compatible con la ampliación de la estación, siempre y cuando se respeten los criterios medioambientales. De esta forma disfrutaríamos de un turismo más diversificado: nieve y práctica del esquí a la vez que rutas de senderismo por el monte y la sierra. Es importante recordar que la temporada de esquí apenas supone un periodo de cinco meses (Diciembre, Enero, Febrero, Marzo y Abril), por lo que sería importante buscar otras alternativas para el resto del año. También sería interesante el fomento de nuestra oferta cultural (museos, iglesias y patrimonio artístico en general) pero esa reflexión ya quedaría para otro posible artículo. 

7/28/2014

Reseña de "El carril de paja" de Ángel Menoyo Portalés, reeditado por Jesús A. García



            Cuando Jesús A. García, el editor e introductor de este libro no venal de 145 páginas que ve la luz gracias a la colaboración de los ayuntamientos de Fuentes de Béjar, La Cabeza de Béjar, Nava de Béjar y la Asociación de Vecinos “Los Hermanitos” de Nava de Béjar, me lo puso en las manos no tenía idea de quién era su autor, Ángel Menoyo Portalés, ni si estaba vivo o muerto, ni qué significaba el título de la obra. El carril de paja, leí e imaginé que tenía que ver con las faenas del campo. Qué lejos estaban mis suposiciones de la realidad.




            Jesús me describió entusiasmado cómo fue adentrándose en la búsqueda de un libro del cual se había perdido memoria o del que quizá pocos habían tenido constancia en su momento, más allá de los familiares y amigos del autor. La labor de investigación dio el fruto apetecido y, una vez hallado El carril de paja, fue hora de adentrarse en él, en las tradiciones y lugares que en él tenían lugar y en la vida y obra de Ángel Menoyo Portalés. A todo ello dedica Jesús una introducción sabrosa y necesaria antes de que el lector haga un viaje en el tiempo trasladándose a Nava de Béjar, La Cabeza de Béjar y Fuentes de Béjar allá por principios del pasado siglo. Pero antes de nada Rafael Sánchez desgrana con cariño y desde el corazón los recuerdos de un mundo que se fue, aquel en que los tres pueblos cercanos presumían de industrias (textil, Fuentes; La Cabeza, chocolates y curtidos; Nava, chacinería) y que contaban con la ventaja de un tren que les podría llevar de Sur a Norte, de Cádiz a Gijón, con sólo asomarse a la cercana estación de Fuentes. Dice Rafael que Nunca debemos olvidar quiénes somos y de dónde venimos. La vida es una rueda y podemos regresar siempre al principio. Y para ello qué mejor que rescatar los recuerdos, hacer revivir los lugares y las gentes, ponerles voz, aunque resulte duro y la melancolía y las lágrimas acaben por asomarse a los ojos. A Rafael se le nota que la emoción le sobrepasa en las pinceladas que nos proporciona de su infancia, aquella en la que el mundo que nos rodea se percibe con un halo mágico, los segundos duran minutos, los minutos horas y las horas días, y los sucesos se graban a fuego en la memoria. 

7/21/2014

Elogio a la banda de música de Béjar



    
Autor: Antonio Avilés Amat
Publicado: Béjar en Madrid, 04/07/2014, 4.706.
  

         Muchos de mis recuerdos infantiles se hallan asociados a las fiestas patronales de mi pueblo. Aquellas fiestas no eran realmente tales fiestas, ni poseían la exultación y el regocijo que debían ser inherentes a ellas hasta que no las anunciaba tocando, cada jornada, las floreadas dianas, la banda de música local con su alegre “tachín, tachán”; tampoco la misa mayor –que marcaba el apogeo o la plenitud de las mismas- era tan solemne si no ejecutaba, también la banda, durante el momento de la consagración, el himno nacional; ni la procesión con el santo parecía tan fastuosa y memorable si no transitaba a los acordes que emitían los instrumentos de tal grupo musical; ni el recinto ferial se animaba hasta que no se escuchaban los ampulosos y jaraneros compases -ejecutados por sus miembros uniformados de azul marino y cubiertos con gorra de plato- y el entrechocar de los platillos que tanto entusiasmaban a la chiquillería; ni las corridas de toros en la plaza –tendidos de sol y de sombra y en todos sudando, porque era estío- tenían sentido, ni gracia, ni solera, si no sonaban los cornetines anunciando los tercios de la lidia o los pasodobles que, por descontado, la banda interpretaba, acompañando las faenas de muleta del diestro… Esto son evocaciones de mi infancia unidas a las recordadas músicas de la bulliciosa banda de mi pueblo, que no sé si afinaría o no cuando las interpretaba, pero que a mí me parecía fantástica y levantaba, con sus cadencias festivas y sus sonidos bullangueros, nuestros ánimos y nos predisponían a gozar en plenitud de aquellos días de asueto y de jolgorio.


 Concierto en la Plaza Mayor