Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio, 2016.
La
feria bejarana de la Edad Moderna no se emplazaba en septiembre como hoy día, sino en el mes de
agosto, quizá para aunar a la mayor cantidad de paisanos posible, y concentraba
en un mismo espacio la feria de ganado y de productos varios. En concreto
durante el reinado de los Reyes Católicos se desplegaba durante dos meses completos,
coincidiendo con el estío[1].
El
paso del tiempo hizo mella en dicho evento y al duque Juan Manuel II, ya en el
siglo XVIII, le fue preciso echar mano de su influencia en la corte (apoyó la
causa de Felipe V, el pretendiente borbónico que ganó la guerra de Sucesión) para
auparla de nuevo a sus cotas de influencia primigenia, más que nada porque cada
Duque había cambiado las fechas de la feria a su libre albedrío. Así, en 1736,
logra colocarla a finales de septiembre justo antes de la celebración del
patrón de la villa, san Miguel. Durante tres días (25, 26 y 27 de septiembre)
las calles de Béjar, desde los despoblados Prados de la Justa y de la Corredera
hasta la Calleja de San Nicolás (más o menos por el actual Casino Obrero), se
sucedían los puestos en una cadena que parecía no tener fin. Para el ganado de
cerda, lanar, vacuno, cabrío y caballar se reservaron los extramuros de la
villa (Corredera y Justas); para los comestibles y demás géneros los puestos
intramuros, es decir, desde la Puerta de la Villa hacia dentro siguiendo la
calle Mayor y paralelas, e incluso las colindantes.




