Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, n.º 4.998 (9/10/2026), p. 4.
Corría el mes de marzo de 1868 y la situación en Béjar no era precisamente tranquila[1]. En los años anteriores se habían producido desórdenes que hacían peligrar una calma que nunca lo había sido. La grave crisis industrial y la falta de cosechas por la sequía habían provocado la subida de los precios del pan, hambre, miseria y falta de trabajo, un caldo de cultivo idóneo para que los movimientos políticos en contra de la monarquía isabelina tuvieran alguna ilusión de poder triunfar. Los progresistas, los demócratas y los republicanos movilizaban las opiniones políticas a escondidas, a riesgo de acabar entre rejas o en el exilio, o quizá en el paredón de fusilamiento, por defender la democracia y el sufragio universal, el aperturismo político y el avance económico. El general, Juan Prim, líder del progresismo, organizaba desde el exilio levantamientos para desestabilizar el régimen, en una espiral conspirativa que le llevó a capitanear los intentos frustrados de entre 1864 y 1867.
En Béjar estos levantamientos fueron secundados, como el de agosto de 1866 en que, a raíz de unos pasquines contra la autoridad, el gobernador civil de Salamanca mandó encarcelar al alcalde y a un concejal por cómplices, y el gobierno nombró a un alcalde-corregidor con mando judicial por si las cosas se torcían[2]. La toma de posesión de José Ramón Enciso fue realizada en diciembre de 1867[3]. Estos subgobernadores gobernaron la ciudad con mano férrea.
Lo peor sobrevino en agosto de 1867[4], siendo alcalde corregidor Juan de Dios Caparrós, cuando a partir del encarcelamiento del republicano Aniano Gómez los bejaranos levantaron barricadas y atacaron el cuartel de los carabineros. Ante la llegada de 1.500 soldados tuvieron que claudicar. A partir de ese momento el Batallón de Cazadores de Llerena fue acuartelado en la ciudad para garantizar el orden. La pésima gestión de Caparrós provocó su destitución en octubre y fue sustituido por José María Avilés[5], que es uno de los protagonistas de este artículo. Para hacernos una idea de su talante reproducimos la descripción de Juan Muñoz de la Peña en su Béjar al vapor: «José María Avilés, de carácter duro é inflexible, no quería que en la gobernación del pueblo hubiera otra opinión que la suya; ni aun en aquello que mas se rozaba en su buena administración, rara vez consultaba al Ayuntamiento[6]».















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