Amigos de Béjar y sus historias

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2/21/2020

De dragones, duques, lagartos y otras especies de saurios en Béjar


Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

A Jerónimo Gómez-Rodulfo, por su ayuda



Documentos para una aristocracia: Miniaturas españolas en los siglos XVI y XVII es el nombre de una exposición virtual de la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, subida a la red en 2002 por el Ministerio de Cultura. El quinto de veinticinco documentos seleccionados para la muestra lleva el título en francés Sans de pâtir, frase atribuida a "uno de los lemas de los Zúñiga" que aparecería en el texto (ilegible), con "las armas de los Estúñiga (o Zúñiga), duques de Béjar, en la inicial iluminada". Se trata de la "escritura de concordia y avenencia entre Diego de Estúñiga, abad de Parraces, y Teresa de Estúñiga, duquesa de Béjar, por la que el primero renuncia a sus posibles derechos sobre el Estado de Béjar", informa la glosa, y está fechada el 4 de febrero de 1547 en Valladolid (36 folios en pergamino).





Culturaydeportes.gob.es



A los costados de la primera página hay "elementos heráldicos con figuras fantásticas como la hidra de siete cabezas", y al pie, flanqueados por dos supuestos retratos de los fundadores del linaje -¿doña Teresa y Diego López de Estúñiga, primer señor de Béjar y creador del mayorazgo?- que "recalcan la mentalidad sucesoria nobiliaria, un león -posible referencia a la rama materna, los Guzmán- venciendo al dragón".

2/14/2020

El anhelado museo (1908-1965). Notas para la historia del Museo de Béjar (3ª Parte y final)

Autor: Pablo Puente Aparicio
Mesa redonda organizada por el Centro de Estudios Bejaranos el 15 de diciembre de 2012.

En enero de 1949, en sesión municipal, se acordó la organización de un museo bejarano a propuesta del concejal y Director de la Escuela de Peritos, Antonio Camarasa Monge. Béjar en Madrid indicaba que no se conocía “el local donde habrá de instalarse ya que con los que cuenta el Municipio habrá de arreglarlo convenientemente. Por ello la primera gestión que ha de llevarse a cabo es la recogida de aquellos objetos que se estimen apropiados para figurar en las salas de aquél”. Se ofreció la dirección a don Juan Muñoz García, cronista de la ciudad (1937) y académico correspondiente de la Academia de la Historia (1942).

 Valeriano Salas Rodríguez, coleccionista y escritor

En septiembre se celebró en la Escuela de Peritos Industriales el “Primer Certamen Provincial de Arte”, un empeño del director de la Escuela con la idea de “crear en Béjar una tradición artística”. Ocupaba tres salas y dos galerías del piso superior. En la primera sala se exponía pintura, con 14 expositores y 47 obras. En la segunda sala se colgaron 36 cuadros, de 9 artistas, declaradas fuera de concurso. La tercera sala, llamada Sala-Museo, contenía obras de pintura y escultura “dejadas por los señores de Béjar”.
Allí se expusieron 5 tablas del retablo de San Gil, junto con cuadros de Agustín Segura, Fernández Curro, Hipólito Portabella, un crucifijo de Mariano Benlliure, y una colección de monedas y objetos prehistóricos, así como “tijeras de marchamar paños que usaba antiguamente la Real Fábrica”. Por último en las galerías se colgaron fotografías de unos 200 artistas, así como esculturas que ocupaban indistintamente las tres salas. 

2/07/2020

El anhelado museo (1908-1965). Notas para la historia del Museo de Béjar (2ª Parte)

Autor: Pablo Puente Aparicio
Mesa redonda organizada por el Centro de Estudios Bejaranos (15/12/2012)

En el verano de 1930 se volvió a hablar del retablo de San Gil porque el alcalde, Francisco Gómez-Rodulfo López, tras estudiar los antecedentes había suscrito un contrato con un vecino (Eutiquiano García Calles) por el que se le vendían las tablas en la cantidad de 10.000 pesetas (el mismo precio que en 1908) a reserva de que fuera aceptado por el pleno del Ayuntamiento.

 Detalle de una de las tablas del retablo de San Gil. Béjar

La propuesta no se aprobó al ser votada en contra por mayoría. Y al poco, el 30 de julio, el Ayuntamiento acordó la creación de un museo municipal, cuyo patronato estaría formado por Cándido Garnacho (párroco de Santa María), Emilio Muñoz (industrial, erudito y escritor), Manuel Francisco Crespo (maestro nacional y primer alcalde socialista de la República), Amable García (jefe de la oficina de Correos y corresponsal de El Adelanto), Ángel Pérez (¿Olleros?) y José Gómez-Rodulfo (ingeniero industrial), los cuales aceptaron el nombramiento.

1/31/2020

El anhelado museo (1908-1965). Notas para la historia del Museo de Béjar (1ª Parte)

Autor: Pablo Puente Aparicio
Mesa redonda organizada por el Centro de Estudios Bejaranos (15/12/2012)
 


Hace 104 años, en 1908, un anticuario quiso comprar las tablas del antiguo retablo de San Gil, haciendo trato con don Valentín Guijo Lucio, presbítero del Hospital del mismo nombre. Intervino entonces el alcalde, don Francisco Muñoz, quien persuadido de que aquéllas, sin ser obras maestras, eran estimables por su antigüedad (bien que su estado de conservación fuese lastimoso) consiguió que el anticuario ofreciera por el conjunto la cantidad nada desdeñable de 10.000 pesetas.

 Retablo de San Gil en la actualidad

Estando pendiente de aprobación la operación por el Ayuntamiento a comienzos de año siguiente se hizo una consulta a dos conservadores del Museo Nacional de Pinturas en Madrid, y éstos, que se asombraron de que se hubiera ofrecido tal cantidad por algo que ellos consideraban de menor valor, aconsejaron que se aceptara inmediatamente la oferta. Pero el anticuario desistió de hacerse cargo de los cuadros y cuatro años después, en 1913, un hijo suyo reclamó la devolución de la fianza depositada.

1/24/2020

Artilugios, pócimas, remedios, ungüentos y brebajes en la farmacia de Félix Diego Alonso (1760) (3ª Parte y final)


Autor: Carmen Cascón Matas
Publicado:  Béjar en Madrid,  nº 4.771 (17/0/2017), p. 4.

En cuanto a los componentes derivados de las plantas, y a pesar de que su nombre parece más bien proveniente de un ser mítico, la “sangre de dragón” no era otra cosa que la resina del árbol Drago, característico de las islas Canarias aunque también por entonces se encontraban en las Indias Orientales y Occidentales. Al componente Palacios lo define como goma o zumo resinoso y se le adjudican propiedades tales como contener las hemorragias, limpiar las llagas purulentas, cicatrizar las heridas y aliviar las contusiones. Su administración se realizaba tanto en forma de jarabe como de ungüento sobre las laceraciones. 
 Sangre de dragón
Del ruibarbo, una raíz tuberosa originaria de Persia y China, se aprovechaba tanto su parte oleosa para excitar el apetito, matar las lombrices y potente tranquilizante, como su corteza con el fin de fortalecer el estómago.

1/17/2020

Artilugios, pócimas, remedios, ungüentos y brebajes en la farmacia de Félix Diego Alonso (1760) (2ª Parte)


Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.770 (03/02/2017), p. 4.

Más curiosos son los componentes de los que se valía Félix Diego Alonso, boticario del siglo XVIII con establecimiento abierto en la villa de Béjar, para elaborar sus remedios, ungüentos, brebajes y recetas magistrales. Para que el lector no se pierda entre tanto nombre extraño los hemos clasificado según su origen, ya bien sea mineral, vegetal o animal, haciendo un apartado específico a otra de las profesiones de los boticarios entonces, esto es la venta de componentes y mezclas para pinturas (al fin y al cabo no estaba tan lejos de la farmacopea la mezcolanza de tinturas para producir bellos colores) que dejaremos para el final. 
 

1/11/2020

Artilugios, pócimas, remedios, ungüentos y brebajes en la farmacia de Félix Diego Alonso (1760) (1ª Parte)

Autora: Carmen Cascón Matas 

Publicado: Semanario Béjar en Madrid, nº 4.769 (20/01/2017), p. 4.



Ejercer la profesión de boticario en el siglo XVIII significaba ser tratado como un personaje notable por sus conciudadanos, un erudito, un sabio, sobre todo a raíz del desarrollo en campos de la investigación tan interesantes como la botánica, la medicina y la química durante el siglo de la Ilustración

 Farmacia del siglo XVIII. Museo de Teruel

Aún con todo, la amalgama entre saberes tradicionales y los nuevos descubrimientos con métodos “modernos” se efectuó de manera progresiva sin que se abandonasen del todo las prácticas antiguas. Hay que tener en cuenta que lo que hoy día nos parecen, en cuanto a botánica o farmacopea, ingredientes cuasi acientíficos entonces su aplicación se consideraba probada por la ciencia y comprobable empíricamente (véase el caso del “cuerno de unicornio” que luego veremos). 



De los boticarios que ejercieron en Béjar en el setecientos tenemos la suerte de conocer algunos nombres como los de Manuel Aguado, José de Oliva y Félix Diego Alonso[1]. En el Archivo Histórico Provincial de Salamanca se guarda el inventario de bienes al fallecimiento de este último (fechado el 20 de abril de 1760[2]), al que dedicaremos esta serie de artículos, y del que se extraeremos jugosos datos derivados de los artilugios, pócimas, brebajes, libros y ungüentos que atesoraba en su casa a la hora de su muerte. Como curiosidad iré desgranando y explicando cada uno de ellos siguiendo los manuales de botánica y farmacopea que Félix Diego Alonso poseía en su interesante biblioteca

La Botica de Ximeno de Peñaranda de Duero.
Foto extraída de aquí



Nuestro boticario gozaba de un establecimiento de farmacopea abierto al público en la calle Mayor de San Gil, frente al entonces hospital, a la altura de la casa donde vivió don Nicomedes Martín Mateos. El dato nos lo ofrece Óscar Rivadeneyra en su trabajo sobre el catastro del Marqués de La Ensenada (1753)[3]. Sabemos por el inventario de bienes que la casa en la que situaba era la principal de su morada, donde murió Félix Diego Alonso, nacido por cierto en Toro (Zamora) y en la que había habitado con su mujer Josepha Domínguez de Barrientos y sus numerosos hijos[4]

  Disponía de un corral y una bodega, describiéndola el escribano como “casa de mucha vivienda” y tasándola por la nada desdeñable suma de 17.000 reales. El negocio le procuraba unos beneficios de 50 ducados de oro al año [5] y se desplegaba con su conjunto de armarios o armazones en el portal con “estantes de la sal, incluidas las vidrieras”. Lucía entonces sus artículos de la misma forma que hasta hace breve tiempo, en botes ordenados detrás de cristaleras y debidamente organizados en armarios y estanterías. No faltaba “el mostrador que sirve para el despacho con tres cajones” y “la escalera de paso para subirse en caso de no poder alcanzar “las 42 cajas para yerbas, flores y emplastos”, los 142 “votes para gomas, rraices y simientes”, los 41 “votes de ungüentos y los 65 “frasquitos para espíritus, tinturas y aceites”.

 Instrumentación de botica del siglo XVIII
Foto sacada de aquí


 El portal disponía también de “dos bancos pequeños de castaño para que los clientes pudieran descansar mientras demandaban sus artículos. El boticario poseía también 4 redomas de 8 libras cada una y 148 redomas pequeñas. Según El Diccionario de Autoridades redactado en 1737[6] una redoma era una “vasija gruessa de vidro, de varios tamaños, la qual es ancha de abaxo, y vá estrechándose y angostándose hácia la boca”. Es posible que las utilizase para fabricar los ungüentos, pomadas y remedios.

En cuanto a los libros especializados en temas farmacéuticos, Félix Diego Alonso lucía en su biblioteca[7] la Farmacopea de Loeches (Juan de Loches fue un boticario de principios del siglo XVIII, autor de Tyrocinium pharmaceuticum), la Farmacopea Matritense, el Libro de Jerónimo de la Fuente (Jerónimo de la Fuente Piérola ejerció la disciplina farmacéutica en Sigüenza a finales del siglo XVII y publicó en 1863 Tyrocinio pharmacopeo), la Farmacopea de Palacios (se refiere a Félix Palacios y Bayá, farmacéutico de Madrid que vivió entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, autor de Palestra farmacéutica, químico-galénica), el Dioscórides Ilustrado (aquí hay que remontarse al siglo I d.C., momento en el que redactó un manual de farmacopea que le sobrevivió durante siglos, su De Materia Medica), el Libro de Juan Duidos y la Farmacopea de Juher (dos autores extranjeros de los cuales no hemos podido extraer más datos, probablemente porque el escribano transcribió sus nombres de manera errónea), y Las Perlas Occidentales
 


En el último apartado del inventario recoge los clientes de los distintos pueblos a los que administraba recetas, entre otros Candelario, La Hoya, Peñacaballera, Valdefuentes, Puerto, Peromingo, Fuentebuena, Vallejera, Navacarros, La Nava, Valverde, Navalmoral, La Calzada, Fresnedoso, Valdesangil, Sorihuela, Sanchotello, Colmenar o Valdehijaderos.

Continuará


[1] Béjar, 1753. Según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Introducción de Pedro GARCÍA MARTÍN. Tabapress y Ayuntamiento de Béjar. Madrid, 19990, p. 91.

[2] AHPSA. PN. 884. 20 de abril de 1760, fol, 319.

[3] RIVADENEYRA PRIETO, Óscar. “Plano del entorno de Santa María y El Salvador según el Catastro de La Ensenada (1753)”. El autor otorga a la casa y negocio de Félix Diego Alonso el número 199. Revista Estudios Bejaranos, nº XX, desplegable y pp. 63-70. Ayuntamiento de Béjar y CEB, 2016.

[4] Los datos familiares pueden ser consultados en el Archivo Parroquial de El Salvador. Libros Sacramentales de Casados, Bautizados y Difuntos.

[5] Béjar, 1753. Según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Introducción de Pedro GARCÍA MARTÍN. Tabapress y Ayuntamiento de Béjar. Madrid, 19990, p. 91.

[6] El Diccionario de autoridades se publicó entre 1726 y 1739 por la Real Academia de la Lengua Española y como tal es el primer compendio realizado por la institución. Para el artículo me he servido del buscador facilitado por la RAE en su web http://web.frl.es/DA.html (consultado en diciembre de 2016). A partir de ahora lo llamaremos DA para abreviar.


[7] La mayoría de los títulos que ofrecemos a continuación pueden ser descargados gratuitamente a través de Google Libros.

1/03/2020

El Conde-Duque de Olivares, un miembro descolgado del linaje de los duques de Béjar


   Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez
   
       Tratamos hoy de otro miembro del linaje de los Zúñiga, el famoso conde-duque de Olivares, valido (del árabe walid, gobernador) o primer ministro de Felipe IV, que pasó a la historia con el nombre de Gaspar de Guzmán y Pimentel.

El conde-duque de Olivares pintado por Velázquez. 
Museo Hermitage.

       Su padre, Enrique de Guzmán, era hijo de Pedro de Guzmán y Zúñiga, segundo hijo del III duque de Medina Sidonia Juan Alonso Pérez de Guzmán y de su mujer Leonor de Zúñiga, hija del conde de Ayamonte Pedro de Zúñiga y Manrique de Lara, hijo a su vez de Álvaro de Zúñiga y Guzmán, I duque de Béjar (los duques de Béjar eran los parientes mayores del linaje, al punto de que Álvaro de Zúñiga impuso la castellanización definitiva de la antigua forma del apellido Estúñiga).

12/27/2019

2019 a través de sus libros

Autora: Carmen Cascón Matas
 
Este año 2019 ha sido prolífico en lo que a publicaciones sobre Béjar se refiere. En este blog solemos hacer un catálogo de final de año, cuando podemos, para recopilar los títulos, así que ahí van todos los libros que han visto la luz de las más variadas temáticas desde la botánica y la historia, pasando por la gastronomía, los álbumes fotográficos o las biografías.

 

Patrimonio verde urbano: parques y jardines de la provincia de Salamanca. Plantas ornamentales leñosas, de Juan Manuel Velasco Santos. Editado por la Diputación de Salamanca. En él no se olvida su autor de reseñar los árboles y jardines singulares de Béjar.

 

12/23/2019

El belén napolitano de Inés de Zúñiga


Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

      Con tan sólo cuatro años de edad, la niña Inés de Zúñiga fue ingresada en el convento de las Agustinas Recoletas que su padre había mandado construir frente a su palacio en la actual Plaza de Monterrey, Salamanca.

Agustinosrecoletos.com

         Virrey de Nápoles entre 1631 y 1636 y embajador en Roma, el padre –que era nada menos que el VI conde de Monterrey, Manuel de Zúñiga y Fonseca- tuvo siempre presente a su hija habida fuera del matrimonio, y le envió un conjunto de veinte figuras de 50 centímetros de altura y articuladas fabricado en 1645. Los materiales que utilizaron los maestros napolitanos fueron la madera y el cartón piedra, y las vistieron con ropas de la época, en raso, bordados de oro, plata y perlas.    

12/19/2019

Unamuno en Béjar

 Autor: Antonio Gutiérrez Turrión
 
        No, no se trata de ninguna resurrección ni de ninguna aparición milagrosa del personaje. Lo único que quiero es dar noticia y dejar constancia de la exposición que ha preparado, presentado e inaugurado la Universidad de Salamanca en el Convento de San Francisco de Béjar, en recuerdo de las relaciones entre Unamuno y Béjar. Entre bambalinas y como comisario, José Antonio Sánchez Paso, a quien tanto le va la marcha de todo lo que suene a Béjar, territorio en el que se mueve como casi nadie.
 
 
 
           A veces los astros se conjuntan y se ponen de acuerdo en orbitar a la vez, las sinergias andan siempre esperando turno y se activan en cuanto pueden. Quiero decir que la ocasión era propicia para esta exposición, tal vez a raíz de la película de Amenábar, Mientras dura la guerra, que tanto ha influido para recuperar, sobre todo en los niveles populares, la figura del rector Unamuno. En todo caso, bien se merece, en cualquier tiempo y ocasión, que se revisen su figura y su aportación al pensamiento.
 

12/14/2019

La relación de los duques de Béjar con Curiel de Duero


Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

       En el marco del IV centenario de la edición de El Quijote, el miércoles 5 de octubre de 2005 la Diputación de Valladolid descubre seis placas-bajorrelieves con notas textuales de la obra de Miguel de Cervantes, informaba en esa misma fecha la página web de la entidad provincial. La placa de la ilustración es la que se instaló en la fachada del Palacio de los Zúñiga en Curiel de Duero, y junto con parte de la dedicatoria de Cervantes, muestra el castillo medieval en la cumbre del cerro y el palacio mudéjar al pie.       

Al duque de Béjar… señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos (Dedicatoria de Don Quijote de La Mancha) Jccanalda.es 

      A 250 km al NE de Béjar, Curiel de Duero es un antiguo municipio que, como muchos de la meseta castellana, sufre una lenta pero progresiva despoblación (500 habitantes en 1900, 102 en 2016) no obstante poseer recursos que lo hacen atractivo.  Fue propiedad de los Zúñiga desde que en 1386 lo intercambiara Diego López de Estúñiga por Villalba de Losa con Juan I, según la página Aqma en la red, heredándola sus descendientes los Zúñiga duques de Béjar.

12/04/2019

"Unos ojos extrañados con los que mirar el mundo"


Autor: Antonio Gutiérrez Turrión

Presentamos ayer mismo un nuevo volumen de la colección “Don Francés de Zúñiga”. Al fondo, el Centro de Estudios Bejaranos. Su título, este: “Unos ojos extrañados con los que mirar al mundo”. La autora de este nuevo volumen es Laura Pascual Matellán, doctora en Derecho y gran conocedora del personaje y de la obra que estudiaba, el penalista Pedro Dorado Montero. En la exposición, llena de conocimientos, de entusiasmo y de trabazón lógica, se entreveraron elementos biográficos con el esquema fundamental de ideas que están en la base del pensamiento del autor de Navacarros. Gracias le sean dadas por su extraordinaria exposición.

 Pedro Dorado Montero

Seguramente, los elementos biográficos de este filósofo del Derecho sean más conocidos; acaso, llamen más la atención a primera vista: origen muy humilde, desgracia física, estudios brillantes, becas, estancia en Salamanca e Italia, vuelta a Granada y Salamanca, enfrentamientos con la sociedad pacata de provincias y con el poder del clero, escarceos con sus colegas universitarios, amor por la naturaleza y por sus orígenes rurales… Todo un cúmulo de elementos que nos dan la pista para conocer aquello que realmente más nos interesa: su legado, su pensamiento, su visión del mundo, su manera de enfrentarse cara a cara con las cosas, “esos ojos extrañados con los que mirar al mundo”.

11/30/2019

Una oportunidad desaprovechada. La Exposición Pública de Madrid de 1827


Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, 4.826 (07/06/2019), p. 4

       La primera exposición pública de los productos fabricados en territorio nacional se celebró en Madrid, un 30 de marzo, día de San Fernando, de 1827 [1]. La idea partió de la corona con el fin dar un aire de modernidad a la capital, tomando como modelo las que se organizaban en otros países y capitales europeas, véase París o Londres. Como el monarca que gobernaba los destinos nacionales llevaba el nombre de tan ilustre santo y pariente, Fernando VII, se emplazó para aquella jornada y así debía celebrarse aquel año y sucesivos en dicho día. Para tan magno acontecimiento se solicitaba a los gobiernos provinciales que, de sus territorios, demandaran a cada ayuntamiento los artículos más sobresalientes de sus industrias para mostrarlos al público.
 Premio de la Exposición Pública de Madrid de 1927


            El aviso para que las industrias bejaranas participaran llegó al ayuntamiento en diciembre de 1826[2], es decir, con menos de cuatro meses para la fecha límite, cuando en realidad la Real Orden había partido de Madrid en marzo de ese año. No sabemos si fue dejadez por parte de las administraciones o que los caminos estuvieran embarrados e infectados de bandoleros, quizás ambas cosas, el caso es que tardó más de nueve meses, un embarazo, en llegar la propuesta con un largo e imaginamos que caluroso verano de por medio. 

11/23/2019

Doña Juana de Zúñiga, sobrina del duque de Béjar, segunda mujer de Hernán Cortés


 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

         Se la ha llamado la esposa sevillana de Hernán Cortés, pero nació en Yanguas (Soria), señorío de su padre Carlos Ramírez de Arellano, II conde de Aguilar de Inestrillas. Su madre era hermana de Álvaro de Zúñiga, I duque de Béjar (*), y debido a la mayor importancia de este apellido -aunque ambos linajes eran de la línea real de Navarra- pasó a la historia como Juana de Zúñiga. Hermosa mujer, de carácter imperioso y arrogante, envanecida por sus noblezas, hay señales de que ella tomó la iniciativa para acercarse epistolarmente al conquistador de Nueva España, cuyas riquezas ambicionaba, con el pretexto de rehabilitarlo ante el emperador.  







          Cualesquiera fueran las influencias que movió la joven en la corte -tenía 19 años entonces y Cortés 44-, el hecho es que después de volver a España y entrevistarse con el monarca, el gobernador (y no virrey como él quería) y nuevo marqués del Valle (de Oaxaca) partió de esta corte el segundo día de Pascua Florida, que se contaron 29 de marzo;… a Béjar a casarse -con doña Juana de Zúñiga por cierto- y de allí a ver a su madre, y a Sevilla a embarcarse…  Por otra parte la reina Juana (madre del emperador) había ordenado que se concedieran honores y facilidades a la pareja en su viaje por Béjar y por Sevilla.    


11/16/2019

El tesoro bejarano del moro Muza


Autor: Oscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Semanario Béjar en Madrid nº 4.826 (7/06/2019), p. 6.


         Sostienen con reiterada insistencia los historiadores que las leyendas, fruto de la imaginación, son una perversión popular y adornada de la historia, que sin sostén documental nada puede ser tenido por cierto y que sin la fe de un escribano o la sentencia de un juez todo carece de credibilidad. Todos los pueblos y ciudades tienen salpicada su pequeña historia con relatos fantásticos que pretenden ser tenidos por verdaderos. El medievalismo que dominó algunas facetas del siglo XIX, momento álgido de la creación de tantas ficciones, configuró un universo increíble de batallas remotas y sangrientas, amores apasionados, muertes inesperadas y tesoros escondidos para, de manera atractiva y simple, explicar nuestro pasado.

 La cara norte del casco antiguo de Béjar se alza sobre la muralla y una colina que se utilizó con carácter defensivo



        Una de las creencias más extendidas en Béjar es la que supone que el subsuelo del antiguo palacio ducal, y aun el de la plaza Mayor y su entorno, está repleto de túneles y pasadizos de extensión casi ilimitada que pondrían en comunicación la residencia de los duques con lugares muy distantes. Que existen esos túneles es una realidad demostrada siendo sus dimensiones, en todo caso, mucho más reducidas que las que la fantasía les otorga. 


      La prueba de su certeza y de que la historia muchas veces adquiere tintes y destellos legendarios quedó reflejada en los autos judiciales que contra el bejarano Agustín de Bonilla se desarrollaron en el año 1662 «por haber extraído un cofre con piezas de oro que encontró en los muros de la ciudad, a las espaldas de las casas del duque de Béjar»[1], en los que, sin duda, adquiere protagonismo uno de los famosos túneles del palacio. 

11/09/2019

Una aventura de galeotes


Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, 4.812 (02/11/2018), p. 4

      ¿Qué había peor que acabar con los huesos en la cárcel por dedicarse a robar en los caminos públicos? La justicia de la Edad Moderna tenía la potestad de imponer la pena de galeras a los amigos de lo ajeno y no era extraño ser condenado en estos casos a cumplir, como mínimo un año o diez a lo sumo, atados a un remo, bogando en los galeones de Su Majestad, desterrados y lejos de la familia. Mejor seguir vivo y entero que sin una mano o una oreja, sin ver la luz del sol en una cárcel húmeda y oscura, o azotado con riesgo de morir. Si lo miramos desde un prisma positivo era una buena forma de ver mundo para aquellos hombres fuertes y con suerte; desde el negativismo, una esclavitud para los sancionados de por vida o para los endebles y desafortunados. Muchos morían por las fiebres, el agotamiento extremo o el hundimiento del barco. Algunos se agarraban con fuerza a la vida pero eran hechos prisioneros o trocaban su barco por otro u otros de distinta bandera, por ejemplo en los galeones de los piratas berberiscos, que azotaban con sus saqueos el Mediterráneo. Los menos sobrevivían y volvían a sus casas, con un sentimiento de desarraigo que acababa en locura, mendicidad o regreso al delito.



      Conocido es el episodio XXII de la primera parte de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, en el que don Quijote libera a una cuerda de galeotes, es decir, a unos presos que eran conducidos con grilletes hasta el puerto más próximo, en contra de la voluntad de Sancho. Por semejante afrenta a la justicia su protagonista muy bien hubiera podido encontrar la muerte en la horca, final que no quiso aplicarle don Miguel de Cervantes para deleite del lector, que disfruta así de capítulos y aventuras sin cuento. 

11/02/2019

De máculas en el linaje de los Zúñiga y "El tizón de la nobleza"


 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

      En esta ocasión, como sucede a veces en la historia, el ataque vino desde dentro porque los miembros de la Casa de Mendoza estaban unidos por estrechos lazos de parentesco con la Casa de Zúñiga, como también con otros linajes poderosos de la época.

 
     A comienzos de 1560, y previa aprobación de Felipe II, Francisco Hurtado de Mendoza, hijo de los marqueses de Cañete, había enviado sus antecedentes familiares al Consejo de Órdenes Militares con el fin de obtener el hábito de Santiago, trámite que fue demorado por suscitarse algunas dudas sobre su limpieza de sangre. Agraviado el joven aspirante, hizo presente de inmediato el hecho a su tío Francisco de Mendoza y Bobadilla, hermano de su padre, que había vuelto de Roma con el nombramiento de obispo de Burgos, el título de cardenal, y el encargo de recoger en Francia a Isabel de Valois y traerla a España para su boda con el monarca, misión en la que llevó consigo, y a su costa, entre parientes, amigos y criados hasta mil quinientas personas, y gastó en ella más de tres millones de reales (Relación de la entrada de Isabel de Valois en tierras españolas, Colección Granvela, Real Biblioteca, Madrid).

10/26/2019

Los saltos hidráulicos de la cuenca media del río Cuerpo de Hombre y sus propietarios (3ª Parte). El Batán de Arriba


Autor: José Ignacio Díez Elcuaz
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2010.


EL BATÁN DE ARRIBA


El Batán de Arriba es uno de los edificios fabriles de mayor antigüedad en la ciudad de Béjar. Fue construido por iniciativa de los duques de Béjar entre 1670 y 1671, en el lugar en el que había existido con anterioridad un molino. A finales del siglo XVIII fue vendido a Luis Antonio Pizarro, conde de Las Navas. En 1837 estaba en manos de José Rodríguez y Miguel Faure y, posteriormente, fue regentado por Justo Pastor Martín Hernández[1].



Vista del Batán de Arriba y Navahonda



En 1897, se planeaban importantes reformas, tal como se escribía en la prensa de la época: “Se proyecta sustituir por una sola rueda metálica las dos pequeñas de madera que hoy existen, colocando transmisiones en todos los pisos de ambos edificios, con lo cual aumentará mucho la fuerza, pues la instalación que parece ha de realizarse suprimirá engranajes y evitará rozamientos, siendo de esperar por tanto que resulte más económica, útil y duradera. También tratan los dueños de esta finca de adquirir terrenos para mejorar el camino y ampliar las dependencias”[2].