Amigos de Béjar y sus historias

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8/19/2013

Los Bolaños: una introducción a la vida, historias y costumbres de las familias hidalgas del Béjar de la Edad Moderna (3ª Parte)





Autora: Mª Carmen Cascón Matas

Publicado: Especial de Béjar en Madrid, diciembre de 2009


            Antes de morir, el capitán y general de infantería  Juan de Bolaños estipuló la fundación de una capellanía dotada con rentas, censos y beneficios para celebrar misas en su nombre y en el de sus descendientes. Su testamento se fecha en la Villa y Corte de Madrid el día 12 de febrero de 1585. Unos días después su sobrino, el doctor y clérigo Nicolás López de Bolaños, se presentó ante el alcalde de Madrid, el Licenciado Arce de Otalora, del Consejo de Su Majestad, aduciendo que, como capellán y albacea de su tío Juan de Bolaños, exigía la apertura oficial de su testamento para establecer de manera adecuada la capellanía fundada por él, una vez producida su muerte el día 25 de febrero.


Foto antigua del desaparecido sepulcro del Capitán Bolaños
Iglesia de El Salvador (Béjar)
Foto de Juan Requena aparecida en "Béjar en Madrid"


            El testamento nos muestra a un personaje curtido por la guerra, humilde a pesar de sus riquezas, solitario, viajero y religioso. Una de sus primeras decisiones postreras fue que “si Dios fuese servido de sacarme de esta presente vida me entierren en el Colegio de la Compañia de Jesus de esta presente Villa de Madrid donde tengo devocion y suplico al Rector y Padres deella me recojan y den sepultura como a un hermano de la dicha Compañia como a ellos les pareciere (...) y se den 1.000 reales por misas en el altar privilegiado dela iglesia de la Compañia” Posteriormente aclara “mando que siempre que yo muriese me entierren sin pompa con solo lo acostumbrado, llanamente (...) con el habito de san Francisco”. Su enterramiento en la iglesia jesuita madrileña estipuló que fuese temporal “hasta tanto que puedan llebar mi cuerpo en hueso deel a Bexar y enterrarme en la yglesia de san Salbador della donde mando que se funde una capellania”. En efecto, el sepulcro del templo bejarano se hizo posteriormente a la muerte del capitán, sufragado de las numerosas rentas que dejó tras su fallecimiento.


8/12/2013

Elogio de los hombres sencillos


*Quisiera hacer un alto en la vida de los Bolaños y acercarme a otros hombres sencillos como nosotros que vivimos el día a día, lejos de glorias vanas, desde el prisma de Javier R. Sánchez Martín y el recuerdo de su suegro Isidro.

Autor: Javier R. Sánchez Martín. 
Publicado: Béjar en Madrid 15/04/2011



La vida está hecha de momentos que pasamos principalmente al lado de aquellos que nos corresponde por nacimiento -nuestros familiares- o por elección, -nuestros amigos, nuestros cónyuges-. Además, nuestros consortes tienen una familia con la que también entras tarde o temprano en relación.


De este último modo fue como conocí a Isidro, mi suegro, hace ya años de esto. Por aquel entonces empezaba a levantar cabeza, económicamente hablando, gracias a su puesto de trabajo en una fábrica de confección y a que trabajaban varias de sus hijas, entre ellas la que hoy es mi mujer (siempre me ha parecido que decir esposa queda un poco cursi). La confección industrial marcó por entonces el declive de profesiones artesanales a las que sustituía, como la de sastre, y cubrió toda una etapa de industrialización rápida y de mano de obra intensiva en nuestro país.

 Sierra de Béjar al anochecer


Desde el principio me pareció un hombre sencillo, que otorgaba su justo valor a las pequeñas cosas que le proporcionaba el presente y que las disfrutaba lo mejor que podía, sin pedir más. Probablemente sin conocerlo hacía suyo ese viejo aforismo que dice que no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. Siempre le envidié un poquito esa capacidad que tenía de disfrutar el día a día, cultivando una pequeña huerta, yendo a pescar con algún amigo, participando en las actividades de la peña a que pertenecía o, simplemente, tomando un vino con los amigos o con la familia.


8/04/2013

Los Bolaños: una introducción a la vida, historias y costumbres de las familias hidalgas del Béjar de la Edad Moderna (2ª Parte)



Autora: Mª Carmen Cascón Matas

Publicado: Especial de Béjar en Madrid, diciembre de 2009



Una lápida desaparecida nos indica el camino



            Sin embargo, los bejaranos de hoy no conocen a tales personajes. Los que un día ostentaron riqueza y poder son sombras anónimas, figuras sin rostro. Quizás, sólo recuerden a un capitán arrodillado ante el Santísimo por los siglos, con la vida grabada en una leyenda sobre la fría y dura piedra granítica. Ni siquiera las canteras de la sierra han pervivido. La tumba del Capitán Juan de Bolaños, su escudo, su figura orante, fueron pasto de las llamas un día de febrero de 1936, aunque no el lucillo abierto en el muro que lo cobijaba. De hecho en un número especial que nos han facilitado del Béjar en Madrid posterior al incendio se puede leer que “esta estatua se destruyó cuando el siniestro”. Parece ser que unas reformas del templo realizadas los años 60 provocaron el enrasamiento de la pared del presbiterio con el subsiguiente picado del escudo, colocación de sillares en el hueco en que se situaba la escultura y extracción de la leyenda funeraria. 







En suma: la lápida que mandó esculpir para que se le recordase en la iglesia de El Salvador, aquélla que decía “EL CAPITAN JUAN DE BOLAÑOS GENERAL DE LA ARTILLERIA DEL REINO DE PORTUGAL SIRVIO A LA CESAREA MAJESTAD DEL EMPERADOR Y AL REY FELIPE 2º SU HIJO 44 AÑOS EN LA MILICIA Y ULTIMAMENTE EN LA CONQUISTA DE LAS TERCERAS CON MUCHA APROBACION. DOTO ESTE LUCILLO Y SEPULTURA AL PIE DE EL Y UNA CAPELLANIA DE CUATRO MISAS CADA SEMANA EN ESTA IGLESIA PARA SUS DEUDOS. FALLECIO EL 26 DE FEBRERO DE 1585. DE SU EDAD 63”[1], ya no existe


7/29/2013

Los Bolaños: una introducción a la vida, historias y costumbres de las familias hidalgas del Béjar de la Edad Moderna (1ª Parte)





Autora: Mª Carmen Cascón Matas

Publicado: Especial de Béjar en Madrid, diciembre de 2009



            “Soy cofrade de la Vera Cruz, Rosario, Misericordia, San Albín y Santa Lucía”, murmuró el clérigo con voz apenas audible al escribano que se hallaba sentado junto a su lecho de moribundo. Aquel día de septiembre de 1627 uno de los personajes más conocidos de la villa dictaba sus últimas voluntades, siempre pensando en el esplendor de su familia y en su alma. “Quiero que se de a la yglesia deel Salvador los mis candeleros grandes de plata”, escribió apresuradamente al dictado con letra enrevesada sobre el rugoso papel notarial. El rasgar de la pluma y el crepitar de la chimenea (el enfermo declaró tener frío a pesar de que el tiempo aún no había refrescado en demasía) eran los únicos sonidos que rompían el silencio de la caldeada estancia. Los cortinones de terciopelo granate ahogaban los escasos rayos de luz provenientes de la calle Las Armas. Varios velones rodeaban el lecho, preludio de la velación del cadáver, suficientes para escribir al dictado. Una estatua de la Virgen con el Niño en brazos contemplaba la escena con sus ojos de vidrio desde el pequeño oratorio privado. Las sombras se agigantaban o empequeñecían siguiendo el movimiento de las llamas, mientras la cera derretida se escurría a lo largo de los enhiestos velones y el brillo de los numerosos objetos de plata distraía al escribano en sus quehaceres[1].




            El clérigo que exhala su último aliento en la casa de la calle Las Armas se llamaba Antonio de Bolaños y falleció en 1627. Unos años antes, concretamente en la Villa y Corte de Madrid en febrero de 1585, moría Juan de Bolaños, capitán de los Tercios de Flandes. Ambos unidos por la muerte, los siglos, el linaje, el lugar de origen y rescatados del olvido en este artículo, utilizando como principales fuentes documentales el testamento de los dos, escritura postrera y último testimonio de la vida y primero de la muerte. 


7/22/2013

El castillo- palacio de los Zúñiga en Béjar (5ª Parte y final)





Autores: Roberto Domínguez Blanca y Carmen Cascón
Publicado: Revista Cultural de Gibraleón, nº 11 (jun. 2011)


Los moradores del Palacio: la corte ducal, una trasposición de corte real




Según el escritor José Luis Majada Neila la Casa Ducal no era el palacio, ni la familia del Duque, ni su patrimonio, ni el escudo de sus armas, ni la historia de su apellido, sino todo ello más la sociedad doméstica de los múltiples criados reconocidos como tales por el señor, más el cuerpo de abogados y asesores jurídicos que defendían sus intereses [1]. Nos parece esta definición acertada de lo que de facto significaba ese concepto que se utiliza, a veces de manera voluble, para englobar en él todo aquello que hace referencia a los duques en su conjunto. En este apartado del artículo nos gustaría tratar de las personas que conformaban la Casa Ducal al margen de los duques mismos, es decir, de esa legión de criados que defendía los intereses ducales como si fuesen propios y que habitaban durante la mayor parte del año el Palacio Ducal bejarano unidos en una corte que asemejábase, en pequeño, a una corte real [2]. No en vano los señores actuaban como “reyes” en sus propios estados, administrando justicia y recaudando impuestos, prerrogativas adquiridas y fortalecidas a lo largo de la Edad Media, en una situación semejante a la de otros señoríos peninsulares. Las cortes nobiliarias adoptaron la etiqueta borgoñona implantada por la dinastía de los Habsburgo, caracterizada por la complejidad, solemnidad y fastuosidad. Rastreando los archivos de la iglesia de Santa María, parroquia a la que pertenecía el Palacio Ducal, hemos encontrado mencionados personajes aparejados a cargos de esa corte señorial durante los siglos XVI, XVII y XVIII [3]. La nobleza de la Edad Moderna hacían gala de sus riquezas, sus posesiones, mecenazgo, batallas ganadas, honores e insignias, y también  tanto como de los criados que les rodeaban. Así, el número de sirvientes y criados era proporcional a la acumulación de títulos políticos, militares y nobiliarios.




Podemos estructurar a la servidumbre en dos rangos claramente diferenciados. Por un lado, los oficiales con funciones administrativas y, por otro, el servicio doméstico, organizados ambos estratos en una estructura piramidal estricta, teniendo como eje vertebrador y en la cúspide a figura del duque y a su familia. 

7/15/2013

El castillo- palacio de los Zúñiga en Béjar (4ª Parte)




Autores: Roberto Domínguez Blanca y Carmen Cascón
Publicado: Revista Cultural de Gibraleón, nº 11 (jun. 2011)


        Pedro de Marquina también ampliaría la fachada sur del Palacio elevando algún cuerpo sobre el que existía, aunque según Muñoz Domínguez no se terminará del todo en el siglo XVI[1]. Esta fachada muestra en la actualidad cuatro órdenes de vanos, correspondiendo los dos centrales a las plantas más nobles del edificio, por lo que los vanos son más amplios y la iconografía nobiliaria se agrupa a su alrededor. En el piso inferior, los vanos se cubren con cornisa y se alternan rítmicamente con escudos de los Zúñiga; en el superior se ve otra mano, al menos en la labra de los escudos, que ahora están sobre los vanos, alternando los de Zúñiga con los de Sotomayor. Otra diferencia en esta altura es que entre cada vano y su cornisa media una cartela con otra cartela central, grabándose en ésta las letras F, M y A en monograma y bajo corona. Harían mención al duque Francisco III y a su esposa María Andrea de Guzmán, por lo que este cuerpo se habría levantado en algún momento entre 1591 y 1601. Una inscripción más amplia y de difícil comprensión ocupa la cartela del vano más oriental. La fachada palaciega concluye en su lado oeste adosada a restos de la fábrica precedente que conservan algún blasón de los Zúñiga.
 Fachada sur del Palacio


            

7/08/2013

El castillo- palacio de los Zúñiga en Béjar (3ª Parte)



 Autores: Roberto Domínguez Blanca y Carmen Cascón
Publicado: Revista Cultural de Gibraleón, nº 11 (jun. 2011)

El palacio ducal a partir del siglo XVI


            La conversión del castillo de los duques de Béjar en palacio transcurre durante el siglo XVI. Es entonces cuando comienza un programa constructivo sin precedentes que afectó a los edificios más significativos de la población. Generalmente importantes reformas y ampliaciones siguiendo los parámetros del estilo artístico entonces vigente, el renacentista. No sólo asistimos a la construcción de la casa madre de los Zúñiga, sino que también se materializa la villa de recreo de “El Bosque” con sus fuentes y jardines, cuya concepción sólo se puede explicar a través de un contacto directo con el humanismo italiano[1]. Además, las iglesias de la villa se amplían para acoger mayor cantidad de fieles, se crean conventos o se los dota de nuevas dependencias, se levanta el nuevo edificio del consistorio o la casa de Gonzálo Suárez[2], se abren puertas más monumentales en la muralla, se construye un acueducto como el de Plasencia o se acondiciona el nuevo hospital que ocuparía el lugar de la antigua iglesia parroquial de San Gil. Hasta bien entrado el siglo XVII continuaron algunas de las empresas iniciadas en la anterior centuria. Asistimos, por lo tanto, a la transformación del vetusto poblado medieval en una decorosa villa ducal. La investigadora Esther Alegre Carvajal[3] destacó la importancia de Béjar en el panorama español como villa ducal entendida desde un punto de vista urbanístico, si bien señaló como singular la ausencia de un poder clerical preponderante que se manifestara a través de edificios de envergadura (colegiata), tal vez por la proximidad de la catedral de Placentina y la buena relación de los Zúñiga con su curia[4].

Fotografía antigua de la fachada norte



            En este contexto se han de entender las obras del palacio ducal, y en ellas nos vamos a detener[5]. Es en época de Álvaro II, duque entre 1488 y 1531, cuando dan inicio. Llevadas a cabo entre 1503 y 1510[6], tuvieron como protagonistas fundamentalmente a las fachadas norte y sur. El ala sur es la más palaciega y la que menos acusa el origen defensivo del complejo. Sería de este momento la parte inferior de los muros, con los singulares seis contrafuertes en forma de torrecillas achaparradas que, con escudos de los Zúñiga y Sotomayor y de las iniciales F y G (en referencia al duque Francisco y su esposa Guiomar), se suceden en la zona más al este del zócalo. Alguna piedra ornada con las bolas típicas del arte de época de los Reyes Católicos reafirma la datación propuesta.

6/20/2013

El origen de los Arcos de San Juanito de Béjar



 Autora. Carmen Cascón Matas

          El lunes, como es tradición en Béjar, los niños volverán a disfrutar con la festividad de los Arcos de San Juanito[1]. Desde prontas horas de la mañana, incluso desde el día anterior, grupos de chavales se confabulan para alzar el arco más hermoso de la ciudad, punto de reunión y encuentro a partir del cual la bandada se dispersa a la caza del transeúnte magnánimo que quiera regalar con un pequeño donativo a esas caritas de ángel a la cantinela de “una pesetita para San Juanito”. La estructura de los arcos se conforma regularmente de metal y se forra con hiedra y adornos variados: flores, cadenetas de colores, farolillos, dibujitos, por decir algunos. Bajo ella se coloca una mesa a modo de altar en la que no falta la imagen de San Juanito, a poder ser en escultura, y los sempiternos caramelos y cestas o bandejas para las monedillas. A partir de ahí la imaginación manda y no es extraño encontrar peluches, maquetas, alfombras de flores, dibujos y hasta cordero de verdad. Durante la mañana un jurado recorre cada arco para premiar a los más bonitos por la tarde, en una ceremonia festiva que tiene como punto de encuentro el Parque Municipal. 




            La tradición, olvidada durante décadas, fue recuperada por la empresa Carbónicas Molina y la parroquia de San Juan Bautista en los años 60 y ambos mecenas siguen hoy organizando la fiesta con ilusión y generosidad. Pero, ¿de dónde viene? Siguiendo las pistas atesoradas en las hemerotecas es claro que al menos procede de finales del siglo XIX o principios del siglo XX. San Juan se celebraba desde antiguo como festividad plenamente religiosa y durante la noche había baile, fuegos artificiales y música en el atrio de la iglesia de San Juan Bautista, incluso se habla de un arco y de una imagen de San Juan. 


6/15/2013

El castillo- palacio de los Zúñiga en Béjar (2ª Parte)




Autores: Roberto Domínguez Blanca y Carmen Cascón Matas

Publicado: Revista Cultural de Gibraleón nº 10 (dic. 2010)



       En 1396 don Diego López de Stúñiga (1396- 1417) trueca la villa de Frías por la de Béjar al rey Enrique III de Trastámara. Béjar deja de ser de realengo y se convierte en dominio señorial. A partir de ese momento, la villa sufre un proceso de conversión lento pero progresivo hasta alzarse en capital inexcusable de los variados y extensos estados de la Casa, aunque para ello tengan que pasar varias décadas, entre otras cosas porque sus dos primeros señores, don Diego y su hijo don Pedro (1417- 1453), apenas residieron en ella [1] prefiriendo Plasencia o Arévalo (también dentro de sus vastos dominios). Este protagonismo de Béjar como imagen de prestigio como linaje [2] se adquirirá a partir de su definitiva conversión en ducado en 1485, siendo ostentado este título por vez primera por Álvaro de Zúñiga (a la vez que los Zúñiga pierden Plasencia), hasta la muerte del duque don Joaquín en 1777. Así se comprende que el antiguo castillo- fortaleza sufra importantes y decisivas modificaciones destinadas tanto a hacer más habitable el edificio como a elevarle a la condición de Palacio a la vez que imagen capital del prestigio ducal. 


          De todas formas, la antigua alcazaba no era el único espacio utilizado como residencia ducal, pues en la actual Plaza de la Piedad se alzaba el Palacio Nuevo, propiedad de la Casa Ducal desde los tiempos del duque Álvaro de Zúñiga y Guzmán (1488- 1531), comunicado con la Plaza de Armas o Plaza Mayor a través de la estrecha calle de Las Armas, lugar de residencia de los hidalgos y caballeros. Tras distintos avatares, el Palacio Nuevo pasó a convertirse en cenobio destinado a monjas dominicas después de la reforma del edificio en 1582. 

6/07/2013

El castillo- palacio de los Zúñiga en Béjar (1ª Parte)



Autores: Roberto Domínguez Blanca y Carmen Cascón Matas

Publicado: Revista Cultural de Gibraleón nº 10 (dic. 2010)

*Este año 2013 se celebra el Cincuentenario del Instituto "Ramón Olleros Gregorio", enclavado en el antiguo palacio de los duques de Béjar, en el corazón de la ciudad. Es por ello por lo que queremos compartir con todos vosotros dos artículos que publicamos hace un par de años en dos revistas consecutivas editadas por nuestros buenos amigos, y en otro tiempo vasallos de la misma Casa de los Zúñiga, de Gibraleón (Huelva).  




            Emplazado en la parte más elevada, el castillo-palacio de los Zúñiga o palacio ducal de Béjar, como mejor se le conoce, nos recibe enseñoreándose sobre la amplia Plaza Mayor de dicha ciudad[1], mostrándose arrogante y altanero, despejando dudas acerca del dominio de la Casa de Zúñiga sobre la villa. Cuando desembocamos en este espacio abierto desde la estrecha calle Mayor, despejado ex profeso como lugar comercial, festivo y simbólico, nos parece llegar, sin lugar a dudas, a ese espacio emblemático, lugar decisorio y representativo, del que ninguna ciudad carece. Los tres poderes de la Edad Moderna manifiestan en ella su poder, alzando edificios poderosos, llenos de significado. Al sur de la primitiva plaza de armas, el Consistorio convoca al pueblo en la toma de decisiones civiles, tanto en tiempos pretéritos como en la actualidad[2]. En el centro, la iglesia de El Salvador congrega a los fieles para alabar al Señor[3]. Al oeste, el Palacio Ducal, residencia de los duques y señores de la villa y su tierra, contenía ese poso militar y a la vez de posesión que no escapaba a ninguno de sus vasallos. En un pulso constante a lo largo de la Historia, los poderes civil, religioso y señorial dejan sentir su eco en el espacio vasto del casco antiguo de la villa

 Vista aérea del Palacio Ducal y Plaza Mayor

6/01/2013

Preparativos para una procesión del Corpus Christi en el Béjar del siglo XVIII




Autora: Carmen Cascón Matas 

            Aunque bien es cierto que el patronato de la procesión del Corpus Christi recaía sobre la Casa Ducal -como bien explicó en su libro “Ideología, control social y conflicto en el Antiguo Régimen” Alejandro López Álvarez-, el consistorio se encargaba de la organización de la misma. En nuestras pesquisas sobre el pasado de Béjar a través de las actas municipales, es frecuente que nuestros ojos se posen en las anotaciones que cada año hacía el secretario de las disposiciones tomadas por sus regidores en relación con esta procesión que tantos vuelos ha ido adquiriendo a lo largo de los años, sobre todo por la presencia curiosa de los hombres de musgo. Sin embargo, esta muestra de religiosidad a la vez que de la sociedad existente dista mucho de parecerse a la que se ofrecía a los ojos de nuestros antepasados del siglo XVIII. 



            En 1751 el consistorio instó, como todos los años, a los vecinos “que se limpien las puertas y las calles y cuelguen sus ventanas y echen en el suelo tomillos, espadañas y otras flores pena de 4 ducados”[1]. Como vemos su incumplimiento se penaba con una multa cuantiosa para la época. 

5/26/2013

Romería de la Virgen de la Vega, patrona del valle del Corneja (Ávila)




 Autora: Vega Gómez González

Son muchas las romerías que se celebran en torno a la Pascua de Pentecostés (la Hiniesta de Zamora, Valdejimena o los Paporros del Castañar, entre otras). La más importante para los habitantes del valle del Corneja (Ávila) es la de la Virgen de la Vega, que congrega a gentes de todo el contorno en su santuario el lunes de Pentecostés. Muchos de ellos han asistido el día anterior a Valdejimena, que cae a unos 25 kilómetros. La cercanía y la fuerte devoción de que gozan las dos Vírgenes propicia coplas como esta de la Charrada de Piedrahíta:




Virgen Santa de la Vega

¿Dónde tienes tus hermanas?

la una está en Valdejimena

y la otra en la Peña Francia

5/21/2013

La romería de la Peña de la Cruz

Autora: Carmen Cascón Matas



        Desde la Edad Media, y a pesar de que en Béjar no existía catedral alguna sino que dependía del obispado placentino, sus curas rectores y beneficiados de sangre hidalga se organizaban en un Cabildo Eclesiástico que siempre estuvo en pugna con sus colegas de Plasencia a pesar de los intentos del obispo por suprimir una institución que, con el paso del tiempo, fue quedando obsoleta y vacía. En la Edad Moderna para poder entrar en tan selecta institución se exigían documentos de limpieza de sangre que eximiesen a los sacerdotes entrantes de cualquier tara judía o musulmana. Un abad nombrado cada dos años presidía el Cabildo y su organización estaba minuciosamente establecida a través de una regla en la que se especificaban las procesiones, misas y festividades a las cuales sus miembros debían asistir, incluso el pago por la asistencia a ellas y las penas impuestas a aquellos que no obedecían las órdenes de su abad, entre otras muchas disposiciones.

 Fotografía antigua de la romería.
 Foto extraída de Documentos Béjar


5/18/2013

La borrasca del fin del mundo




Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.745 (15/I/2016), p. 4.


           En la actualidad las previsiones del tiempo meteorológico detalladas en internet o en televisión dejan poco margen a la sorpresa. Desde tres días antes los pantallazos y los mapas del tiempo nos advierten de la llegada de una borrasca, un temporal de lluvia y frío o de un calor asfixiante casi con el cien por cien de probabilidades de acierto, y no por la capacidad de adivinación de los meteorólogos, sino por el avance de la ciencia a este respecto. Pero allá en 1739 conceptos como isobara, alta y baja presión o frente frío no existían en el vocabulario de los humildes habitantes de Béjar. Si acaso la presencia de los aguanieves, esos pájaros de cierto tamaño blancos y negros y con ciertos toques de azul en sus alas, podía anunciar el advenimiento del temido manto blanco en las calles de la villa o la dirección del viento hacía presagiar, junto con densas nubes negras, la llegada de una potente tormenta estival. La mayoría de las gentes de entonces creían que fenómenos meteorológicos extremos no podían ser sino una advertencia del Altísimo por los pecados cometidos en la villa y eran frecuentes las plegarias a Santa Bárbara para que alejase con su influencia allá en los cielos la terrible acción de los rayos y los truenos. 

 "Vista de Toledo" de El Greco

            Sin embargo, durante los días 3, 4 y 5 de diciembre de 1739 parece que Santa Bárbara no escuchó las peticiones de los humildes habitantes de la villa y Dios descargó sobre Béjar una tempestad digna de reseñarse en los libros, aunque de ésta poco menos que nos queda la anotación de un párroco aún asustado en el libro de bautismos de 1735-1756, folio 64 vuelto. Don Pedro Ramón de Tapia, el párroco de la iglesia de El Salvador, dejó de anotar partidas de bautizados de su feligresía en aquella jornada para dejar constancia de aquel magno suceso, cosa nada habitual, pues en la visita pertinente y anual, el visitador del obispado de Plasencia bien pudiera advertirle de la presencia inoportuna de esa crónica dentro un libro destinado a la constancia de los recién nacidos que habían recibido las aguas del bautismo. 

5/11/2013

Arquitectos y canteros en la arquitectura bejarana del siglo XVIII (2ª Parte y final)

            Autor: Roberto Domínguez Blanca.
Publicado: especial del semanario Béjar en Madrid de 2009.


            En Béjar, el mal estado en que se encuentra la cárcel real (en el hoy ayuntamiento) provoca la necesidad de constantes intervenciones para repararla. Por ejemplo, en 1735 se contrata al maestro de mampostería y cantería Juan Martín Foguete, de nación gallega, quien presenta planta junto al maestro de carpintería Antonio García Molina[1]. Sin embargo, en 1737 la obra aún no se había llevado a cabo, y lo poco que se había avanzado se suspendió, en espera de lo que el Concejo llama “Gallegos Maestros Intelixentes”[2], con lo que sobra decir que tenían acreditada fama en su oficio entre los próceres bejaranos. En 1739 Martín Foguete y García Molina vuelven a intentar hacerse cargo de estas obras, pero su propuesta es rechazada[3]. Al igual que la de otro cantero guardés, Silvestre Moreno, que se había presentado junto al carpintero candelariense Francisco Sánchez Castaño[4]. La obra de la cárcel real todavía coleaba, pues en 1752 el Martín Foguete planea junto a Manuel Vicente, maestro bejarano de cantería, la obra de los calabozos[5].
 Claustro del convento de San Francisco (Béjar), concluido en 1599.

            Hermano de Juan es Alejandro Martín Foguete, quien en 1744 se presenta para acometer unas obras en la alhóndiga bejarana junto a Lorenzo Portela[6]. Otro maestro de cantería y albañilería gallego y residente en Béjar es Santiago González, quien entre 1716 y 1717 está trabajando en uno de los muros del hospital de San Gil junto a la torre[7]. A Francisco Sino le volvemos a encontrar, pero ahora en Béjar y trabajando frecuentemente para la iglesia de El Salvador; mientras que a un familiar suyo, Sebastián Sino (¿hermano?) y a su paisano Santiago García, les asignarán la realización de los batanes ducales en 1753[8].


5/04/2013

Arquitectos y canteros en la arquitectura bejarana del siglo XVIII (1ª Parte)



Autor: Roberto Domínguez Blanca.
Publicado: especial del semanario Béjar en Madrid de 2009.

La presencia de maestros canteros de procedencia gallega (en especial de la villa pontevedresa de La Guardia) trabajando en Béjar y los pueblos de su comarca fue una constante durante los siglos XVIII y XIX, como ya documentara Ros Massana para la década que transcurre de 1828 a 1838 se registran varios viajes a Galicia de canteros de esta procedencia, tras el trabajo estacional en Béjar y en otras zonas de Castilla[1]. Junto con los canteros locales trabajarían en todo tipo de tipo de obras propias de su oficio, desde el empedrado de calles hasta la construcción de iglesias. 

 Candelario (Salamanca)

4/28/2013

"El anarquista que se llamaba como yo" y el anarquismo en Béjar

Autora: Carmen Cascón Matas


A mi regreso de unas cortas vacaciones me encuentro en facebook con la noticia de la presentación de una novela relacionada con Béjar que quiero compartir con vosotros. Su título es "El anarquista que se llamaba como yo" y, por supuesto, parte de su acción transcurre en esta ciudad que tan bien vais conociendo por lo que contamos en este espacio. No os extrañará, con nuestra trayectoria industrial, el hecho de que pululasen anarquistas en esa Béjar textil de finales del siglo XIX y principios del XX, con una conflictividad social enorme en una olla a punto de estallar. Huelgas, enfrentamientos, sindicatos con gran poderío y una burguesía anclada en valores tradicionales hacían que el clima fuese propicio para la lucha. 





No hace mucho me sorprendió el dato manejado por Pablo Puente en su discurso de entrada al Centro de Estudios en el que comentaba que Mateo Morral, el anarquista catalán que arrojó la bomba sobre la comitiva regia el día de la boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, había trabajado durante un tiempo en una fábrica de Béjar. El senador del  reino, alcalde y fabricante de paños, don José Rodríguez Yagüe, el famoso don Pepito, se libró por los pelos de un atentado anarquista en la calle Rodríguez Vidal, según testimonio oral. 



4/18/2013

Pasos para la defensa de un tesoro artístico rural y una exposición de escultura en Gijón


El asunto de Talaván al que tanto nos estamos refiriendo en este blog parece que mejora por momentos. Y, como no os quiero dejar fuera de los acontecimientos, voy a hacer un resumen de cómo están las cosas y cómo se ha desencadenado la defensa de una ermita arruinada y perdida de Extremadura. 

1. Hace cosa de un par de meses se dirigió a mí Gabriel Cusac para contarme la existencia de una ermita arruinada en Talaván, pueblo que había visitado en compañía de un buen amigo y fotógrafo. El impacto que había recibido del lugar, de sus extraños esgrafiados e iconografía y del espíritu que allí parecía morar que había resuleto defender como sea la pervivencia de aquella ilustre ruina. Hicimos un pacto tácito de compartir en nuestros respectivos blogs todo lo relacionado con ella con el fin de darlo a conocer al mayor número de gente. De aquello resultó esta primera entrada en el blog. Una petición de ayuda. También llegó a saber que el programa Cuarto Milenio había tratado el tema de la ermita con fines más de misterio que de investigación histórica, icoográfica o artística. Con el llamativo nombre de "Los ángles malos de Talaván" se había subido un vídeo a youtube el 06/10/2012.

2. Poco a poco Gabriel fue emprendiendo su ya no tan solitaria cruzada en defensa del patrimonio talavaniego. Así envió correos electrónicos al ayuntamiento de Talaván y a la Diputación de Cáceres que no fueron contestados en un principio. Aún así no cejó a la hora de investigar sobre los misteriosos réprobos que tanto le obsesionaban. Les dedicó incluso una creación literaria surgida de su pluma, publicada digitalmente con el título de Cuentos desquiciados. Sin embargo, se dió cuenta de que su lucha en solitario no iba a ser posible sin el apoyo de otra gente y de alguna institución que hiciera más oficial su petición.



3. Así, Gabriel se dirigió a la Junta Directiva del Centro de Estudios Bejaranos explicándoles la situación de desaparición inminente de una ruina, cuyos esgrafiados destacaban por su rareza. Dos miembros del CEB y él mismo volvieron a visitar Talaván con el fin de comprobar con sus propios ojos el estado del templo. De aquel viaje se dieron cuenta de la rapidez con que tenían que reaccionar si querían mantener en pie un tesoro desconocido para la mayoría. Rápidamente se hiceron las llamadas pertienentes, se enviaron cartas por escrito al ayuntamiento y a la Directora General de Patrimonio de la Junta de Extremadura y uno de sus miembros, Roberto Domínguez Blanca, licenciado en Historia del Arte, comenzó a investigar el valor artístico de tales esgrafiados. De su trabajo surgió un pequeño trabajo, anuncio de otro más concienzudo, que compartimos en este blog: La ermita del Santo Cristo de Talaván (Cáceres), otro episodio de patrimonio artístico a punto de desaparecer. 


4/13/2013

El "duque fabricante" don Juan Manuel II: breve biografía (4ª Parte y final)




Autores: Alberto Bravo Martín y Carmen Cascón Matas

En cuanto a su preponderancia económica, el Duque de Béjar poseía grandes rebaños de ganado lanar (20.000 cabezas) en Segovia cuya lana era vendida en todos los lugares de la geografía española[1].

No lejos de su idea de la prosperidad de sus estados, el Duque de Béjar sostenía con sus rentas tres colegios de niñas huérfanas en Béjar y en 1725 se redactó el reglamento para organizarlos. El primero de los edificios, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción, Santa Isabel de Hungría y Santa Isabel de Portugal, se situaba en la Plaza Mayor de Béjar, en unos terrenos pertenecientes al Duque y muy próximos a su palacio, en la llamada “Casa de las Beatas”. Don Juan Manuel se comprometía a mantener a 12 niñas pobres o huérfanas de entre 6 y 9 años elegidas por los eclesiásticos de la Villa por su conocida necesidad. El segundo se encontraba en Navalmoral de Béjar y, bajo la protección de Nuestra Señora de la Soledad y varios santos más, acogía a otra docena de niñas del lugar y alrededores. El último, el Colegio de Niñas Pobres de Nuestra Señora de la Asunción, se alzaba en Neila. En las disposiciones redactadas por el Duque de Béjar se especificaba de manera minuciosa la vida, costumbres, horarios, vestidos y educación que debían seguir estas niñas acogidas bajo el amparo señorial, desglosando pertinentemente los presupuestos anuales en concepto de manutención de casa uno de estos colegios[2]

Soportales de las "Casas de Su Excelencia". Plaza Mayor de Béjar.

La obsesión por el embellecimiento de sus estados llevó a don Juan Manuel II a encargar al economista francés Manuel Jovin una serie de estudios para embellecer la villa. En su informe hacía imprescindible construir en la Plaza Mayor casas de piedra de cantería, portales y arcos para el comercio (como luego se llevó a cabo) para obtener un espacio más simétrico y acorde con la importancia de la villa, así como la edificación de casas al estilo de la existentes en San Juan de Luz (Francia) entre la iglesia de Santa María la Mayor y Santiago por encontrarse en ruinas[3]. Además permitió que se construyera en el monte de Béjar una plaza de toros de cantería para sustituir la antigua de madera que se alzaba con los peculios de la cofradía de la Virgen del Castañar con el fin de celebrar corridas de toros el día de la fiesta de la patrona, proceso constructivo que se llevó a cabo entre 1706 y 1711. El Duque venía así a oponerse a la famosa prohibición de correr toros expedida por su abuela doña Teresa Sarmiento de la Cerda en 1667[4]. En 1707, con motivo del nacimiento del Príncipe de Asturias, luego Luis I, se celebraron toros en la Plaza de Toros del Castañar. Según algunos indicios tomados por Juan Muñoz García soldados que se hallaban en la villa debido a la Guerra de Sucesión fueron obligados a trabajar en la edificación del coso bejarano[5].

4/06/2013

El "duque fabricante" don Juan Manuel II: breve biografía (3ª Parte)




Autores: Alberto Bravo Martín y Carmen Cascón Matas


          No nos debe parecer extraño que el Duque de Béjar apoyara desde el inicio del conflicto sucesorio a Felipe V (salvo con su breve desafección tras la toma aliada de Madrid en 1706), pues la monarquía borbónica apoyaba un modelo de economía intervencionista mercantilista basada en la potenciación de las fábricas reales y el incentivo de las privadas a través de exenciones y privilegios, como ya había sucedido en Francia durante el reinado de su abuelo Luis XIV[1]. Don Juan Manuel II aprovechará esta situación promoviendo el proceso manufacturero en sus numerosos estados como ya vimos, aunque siempre como un señor paternalista intentando buscar la mejora de sus estados. Siguió contratando a maestros extranjeros para que se asentaran en Béjar con el fin de enseñar a los naturales tanto en la fabricación de paño fino y tintado de las piezas de lana como al cultivo y manufactura del lino al estilo flamenco[2]




            El objetivo primordial se acabó cumpliendo pues a partir del primer tercio del siglo XVIII numerosos bejaranos se lanzaron a la aventura de la fabricación de paños, al principio tímidamente, dedicándose solamente a una fase del proceso productivo para luego crear obradores de mediano tamaño que fueron la base de la industria pañera del siglo XIX. Además numerosas familias naturales de la Villa acabaron matrimoniando con los propios maestros extranjeros, produciéndose una mezcla de sangres que se puede rastrear en algunos apellidos perdurables hasta la actualidad[3]. Por otro lado, el Duque era el principal suministrador de lana para los obradores, así como la persona que establecía los precios de venta de los tejidos y las medidas standard de las piezas[4]

3/30/2013

La Ermita del Santo Cristo de Talaván (Cáceres), otro episodio de patrimonio artístico a punto de perderse para siempre


*Hace ahora unas semanas que en este mismo blog compartimos con vosotros nuestra preocupación por la ermita de Talaván (Cáceres) y hacíamos una llamada de atención con el texto que Gabriel Cusac había colgado en su blog. Hoy hacemos más amplias las informaciones recabadas desde entonces de la mano de Roberto Domínguez Blanca, quien ha estudiado los inquietantes y extraños esgrafiados de iconografía fuera de lo común.

     Talaván es una localidad cacereña de unos mil habitantes ubicada a medio camino entre las ciudades de Cáceres y Plasencia. Al igual que Béjar pertenece a la diócesis de Plasencia, y entre su patrimonio artístico destacan la iglesia parroquial y la ermita del Santo Cristo, que contiene una colección de esgrafiados en sus paredes de peculiarísima iconografía.

 
 Réprobos de Talaván


La puesta en valor de este interesantísimo legado pictórico de inusual temática, y alertar sobre el peligro que corre de desaparición por la situación de abandono que padece la ermita, son el objetivo fundamental de este breve artículo, de forma que no se repita el triste destino de los esgrafiados de la ermita del Cristo de Horcajo de Montemayor (Salamanca).

3/23/2013

Recuerdos de una Semana Santa que se fue




         Con la solemnidad de los años anteriores, algo deslucidos por el mal tiempo reinante, se celebraron los cultos de Semana Santa en nuestra ciudad. Fueron numerosísimos los fieles que asistieron el Jueves Santo a las Comuniones y asimismo los Oficios de las distintas parroquias se vieron muy concurridos. 

            En la tarde del mismo día, y a pesar del cielo nublado y sombrío, fueron muchas y bellas señoritas las que lucieron la devota mantilla española en la visita de los Sagrarios. 



  
         En la mañana del Viernes Santo se celebró el tradicional “Tálamo” y por la tarde la procesión del Santo Entierro, que hizo el recorrido de costumbre muy solemne.
Igualmente tuvo lugar la acostumbrada exposición de escaparates, con destino a la cual la Cámara de Comercio instituyó para este año tres premios. 


3/17/2013

El "duque fabricante" don Juan Manuel II: breve biografía (2ª Parte)


Autores: Alberto Bravo Martín y Carmen Cascón Matas
        
Para entender el papel preponderante del Duque de Béjar, Juan Manuel II,  en la Corte y lo que ello significó para el desarrollo de la pañería en Béjar y otros estados es preciso desglosar su vida y los logros que acumuló junto al rey de la nueva dinastía Borbónica, Felipe V. 

El 1 de noviembre de 1700 moría en Madrid Carlos II, declarando como sucesor (al no tener descendencia a pesar de sus dos matrimonios) a su sobrino-nieto Felipe, Duque de Anjou, hijo del delfín Luis y nieto de Luis XIV y de su mujer,  la infanta María Teresa, hermana del citado Carlos II. El día 4 de diciembre de 1700 el nuevo rey Felipe V partía de la corte francesa rumbo a España. Por el camino, todavía en Francia, recibió las embajadas de diversos nobles españoles, entre ellos, la del Duque de Béjar que fue besarle la mano a Mont de Marsan[1]. También debió estar don Juan Manuel presente en la famosa celebración de Bayona, uno de los episodios más significativos de ese recorrido. Allí se organizó un interminable besamanos con todo tipo de fiestas, incluso una corrida de toros. Finalmente, el Rey hizo su entrada en España por Irún el 22 de enero, llegando a Madrid el 18 de febrero y pasando a alojarse en el Palacio del Buen Retiro.

 Felipe V


El 5 de mayo tuvo lugar la consagración de Felipe V como nuevo Jefe y Soberano de la Orden del Toisón de Oro, máxima distinción que otorgaba el Rey de España, siéndole impuesto el collar por el Duque de Monteleón y actuando como padrinos el Marqués de Villena y el Duque de Béjar. Como se puede ver, don Juan Manuel fue uno de los nobles que más activamente participó en el cambio de reinado y de dinastía. Además, Felipe V le recompensaría con una llave de gentilhombre de la cámara[2].